La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Otros 500 árboles talados

En lo que a los árboles se refiere solo José Mota podría definirnos: "Tú eres tonto del 'tó', no 'pa' un rato"

Por qué se pasea por Londres o París disfrutando de árboles de gran porte en muchos casos expuestos a un tráfico intenso? Porque se cuidan. ¿Por qué en Sevilla, tras tantas talas masivas, se va a proceder a otras en el Pumarejo, Nervión o Sevilla Este que van a acabar con la vida de 500 árboles? Porque no se cuidan. En 2015 se diagnosticó que más de 2.500 árboles se encontraban tan deteriorados que implicaban un "peligro objetivo" para las personas. Sentencia de muerte para ellos. Y ahora el Ayuntamiento nos viene con que aún "restan en torno a 500 árboles que suponen un riesgo para la población y que son irrecuperables debido a los daños que arrastran". Lo que no dicen es que arrastran estos daños porque no se cuidan y porque se les maltrata con podas bárbaras y a destiempo.

Vean el caso de la plaza de San Lorenzo. Se talaron algunos de sus grandes árboles porque estaban enfermos. Se plantaron en sus alcorques otros jóvenes que solo nuestros nietos podrán ver convirtiendo la plaza en el verde claustro de la Basílica del Señor. Pero los grandes aún vivos siguen sin cuidarse, los huecos en los que anidan las palomas no se han cubierto y seguirán pudriéndose por dentro… Inevitablemente serán declarados "irrecuperables debido a los daños que arrastran" -fantástica fórmula para describir la ejecución de un torturado- y se talarán. En Sevilla hay más de 5.000 alcorques vacíos. Esto es una realidad y el anuncio de plantar 15.000 árboles para combatir el cambio climático solo palabras.

Así que hala: ¡árbol va! 104 se van a talar en Nervión, 47 en Cerro Amate, 77 en Bellavista-La Palmera, 101 en Sevilla Sur y al parecer todos los del Pumarejo, según ha denunciado Participa Sevilla. Y lo peor es que a la mayoría de los sevillanos les importa un pimiento. O incluso lo agradecen porque el odio a los árboles es por desgracia común entre nosotros. Muchas veces lo he escrito. Con los mismos brillantes resultados con que lo he hecho del patrimonio histórico y cotidiano. Quien no respeta y no ama los árboles tampoco lo hace con cuanto hermosea la vida haciéndola más amable. Ni árboles, ni cafés, ni librerías, ni calles y plazas bien conservadas, ni pavimentos, ni cines, ni teatros… Para qué, si unos veladores de plástico en un desierto de cemento y asfalto nos basta y nos sobra. Sólo José Mota podría definirnos: "Tú eres tonto del , no pa un rato… Del y pa siempre".

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