El arte de debatir

En las últimas elecciones municipales de Sevilla se vio que los debates sólo sirven para reforzar voluntades

El debate electoral se ha acogido con un entusiasmo inusitado. Sólo se habla de eso y del Betis-Sevilla a la hora del recuento. Todos creen que ha ganado su candidato, incluso Albert Rivera, al que sólo le faltó enseñar el zapato de la Cenicienta. Ésta es una campaña de una semana con un debate, lo que supone un respiro. Era la primera vez que debatían cinco, desde la extrema derecha a la extrema izquierda. Esa delantera a lo stuka, formada por Abascal, Casado, Rivera, Sánchez e Iglesias, ha sido otra novedad. Antes, en los buenos tiempos del bipartidismo, sólo había un cara a cara.

En aquellos tiempos empezaron Felipe González contra José María Aznar. Era como un combate de boxeo, como aquellos legendarios duelos de Cassius Clay contra Joe Frazier, cuando retransmitían las peleas en el prime time. Después prohibieron las peleas, hasta que ofrecieron en directo las barricadas en la Vía Layetana y el Paseo de Gracia de Barcelona, también en prime time. De ahí se pasó al adoquín del debate.

Sin embargo, no es para tanto. En las últimas elecciones municipales de Sevilla se vio que los debates sólo sirven para reforzar voluntades. Tampoco hubo un cara a cara, entre Juan Espadas y Beltrán Pérez, como le hubiera gustado al candidato del PP. Por el contrario, organizaron unos debates a cinco. En este caso formaban la delantera Peláez, Pérez, Pimentel, Espadas y Serrano. O también se podría decir Cristina, Beltrán, Álvaro, Juan y Susana, que suena a los niños de una familia numerosa, y no a una buena delantera. Se daba la circunstancia de que el extremo derecho y el extremo izquierdo estaban cubiertos por mujeres. Aquellos debates empezaron con fuerza, incluso dos al día, hasta que los candidatos se fueron acomodando a la fuerza del destino. Todo pareció previsible.

Después pasó lo que tenía que pasar: que ganó el PSOE de Espadas, incluso con votos de derecha. Después también pasó lo que tenía que pasar: que se subieron los sueldos a las primeras de cambio, en lo que hubo bastante consenso, y los que protestaron quedaron como unos señores y unas señoras. Ellos no querían, pero a nadie le amarga un dulce. Después, el alcalde Espadas ha pactado los presupuestos con Unidas y Podemos, que en el Ayuntamiento son Adelante Sevilla. ¿Qué dirán sus votantes de derecha, que lo oyeron en los debates? Son los mismos que piensan que Pedro pactará con Frankenstein.

Adelante, sí, que ya falta menos. Los debates son muy importantes para quitar las dudas de los indecisos. Pero, en Sevilla, los debates no sirvieron para nada. En España ya lo veremos el domingo.

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