Fragmentos

Juan Ruesga Navarro

L as gradas de la E ncarnación

Una tarde de la semana pasada, ya casi de noche, cruzaba la Plaza de la Encarnación desde la calle Laraña hacia la calle Imagen. Al pasar cerca de la gran escalinata que conduce a la plaza alta vi a un grupo de personas sentadas en los escalones, que prestaban atención a una mesa situada en la acera frente a ellos, ocupada por dos hombres y una mujer. La mujer hablaba por un micrófono inalámbrico y explicaba con convicción al resto de los allí reunidos un mensaje de carácter político, sobre la necesidad de cambios en nuestra Constitución y pedía participación. A la espalda de la mesa, una sencilla pancarta explicaba las ideas que defendían. Un poco más allá, en un discreto segundo plano, una pareja de policías observaba a la asamblea.

Pasé deprisa cerca de todos ellos porque me dirigía a una cita que tenía en Santa Lucía, para asistir a la lectura dramática de una pieza teatral sobre la vida de Luis Cernuda. Y de repente se me ocurrió que con independencia de toda polémica estética o económica, las actuaciones en la Encarnación habían creado dos plazas, la que hay frente a la calle Puente y Pellón, que conserva la vieja fuente, y la que ha surgido encima del mercado y debajo del Parasol. Y entre las dos plazas, una escalinata que las unía y que era un estupendo graderío. Un nuevo espacio con capacidad, que podía ser utilizado para espectáculos, asambleas o reuniones varias. Qué le vamos a hacer, yo veo un teatro o un auditorio en cualquier parte, como mis alumnos saben. Como he dicho, el otro día un grupo de personas se reunía libremente para exponer sus ideas. Un poco más allá, en una pequeña mesa, se pedían donativos en nombre de un Beato. Y los sevillanos ya lo hemos sabido utilizar en Semana Santa, en el desfile de bandas, en las reuniones del 15-M, en el Mes de Danza, etcétera.

Seguramente habrán oído hablar de la teoría del caos. Se ha hecho popular a través de ciertas películas como Parque Jurásico. Se ocupa de ciertos sistemas dinámicos que son sensibles a las condiciones iniciales que los plantearon. Y cómo pequeñas variaciones en dichas condiciones iniciales pueden producir grandes diferencias en el comportamiento futuro, haciendo imposible prever a largo plazo lo que va a ocurrir. Así ocurre con algunos espacios urbanos, en los que ciertos accidentes o pequeños sucesos determinan el comportamiento del público. Y desde luego en nuestra cultura mediterránea, unos espacios abiertos y una escalinata son un ágora a poco que se den las condiciones.

La Encarnación es la evolución del foro, de la ruta de los zocos, de un convento, de un mercado, de dos o tres pequeñas plazas, de un ensanche urbano que quiso ser una Gran Vía desde la Puerta Osario a la Puerta Real. Un lugar de encuentro de itinerarios tradicionales de los sevillanos. Y ahora también un lugar de expresión de ideas. Una especie de Speaker Corner a la sevillana. Así me parece que sucede en las gradas de la Encarnación. Y ojalá suceda con más frecuencia, que dichos espacios, la plaza y la escalinata, sean un lugar de encuentro e intercambio de ideas.

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