La ventana

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

La autoridad y su rol tras los permisos

Condición imprescindible para la celebración de un festejo taurino es que el tiempo permita lo que ya ha permitido la autoridad. Indispensables cuestiones ambas, pero la complicidad de la autoridad para el buen desarrollo del evento no debiera quedarse en la concesión de los permisos pertinentes. Junto a los requisitos debería la autoridad ser más celosa en sus funciones de preservar la integridad moral y, a veces, física de cuantos se acercaron con su dinero a la taquilla. No puede ser que una turba de antitaurinos acose a quienes asisten a un espectáculo que hoy día continúa siendo absolutamente legal. ¿Qué necesidad tiene nadie de que los impresentables intolerantes de turno llamen asesino a un ciudadano por el mero hecho de asistir al rito de la corrida? Y es ahí donde la autoridad ha de seguir haciendo valer su condición de garante de la normalidad.

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