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De ayer a hoy

¿Para esto quería existir Teruel existe? Reconozcamos que hay mejores maneras de entrar en política

En el 82, nadie hubiera aceptado que Felipe González negociara su Gobierno con un Tejero preso. Y tampoco hubieran hallado comprensión quienes pidieran diálogo, e incluso un referéndum, para la España tardofranquista que recelaba de una democracia joven e incierta. Hoy, sin embargo, aquella imposibilidad se ve como plausible. Si el señor Sánchez es presidente del Gobierno, lo es bajo las condiciones y con la agenda que le ha impuesto (Desde mi celda, escribieron Bécquer y Wilde) el señor Junqueras. Y todo para contentar a una España intransitiva, supremacista, retrógrada y autoritaria, cuya aspiración última, aparte de pagar menos impuestos, es perseguir y orillar la sangre impura de sus vecinos. ¿Para esto quería existir Teruel existe? Reconozcamos que hay mejores maneras de entrar en política.

Añadamos a éste otro misterio. Los heraldos de la negociación, hoy tan activos, son los mismos que repudian que la Transición fuera negociada. Lo cual nos obliga a una matización de importancia. La Transición sirvió para que quienes detentaban el poder se retiraran voluntariamente y dieran paso a unas elecciones libres. Éste es un asunto crucial, no suficientemente subrayado, y que extrañará a las juventudes españolas, que acaso piensen que la democracia la trajeron Monedero y Cintora, de bracete, luchando contra Arias Navarro. Digo, pues, que la Transición sirvió para que se habilitara una democracia europea, en tanto que las negociaciones en curso se dirigen en el sentido opuesto: se dirigen a remover una democracia estable con el fin de complacer a una minoría irredenta, cuya voluntad y cuyas acciones caen fuera de la democracia. Desde luego, no puede descartarse que don Pedro Sánchez, de buena fe, considere esta solución como la única viable. Pero, en tal caso, don Pedro habría hecho bien en advertírnoslo, para votar en consecuencia. Lo que no parece tan juicioso es que la señora Lastra, en un arranque de humorismo, llame golpistas a quienes deploran que un Gobierno de la nación venga tutelado por un sedicioso.

Y qué diremos de los demás socios y allegados del Gobierno Sánchez, salvo que su interés común es aprovecharse, hasta la náusea (la cara de satisfacción del señor Ortuzar, a la hora de la firma, no nos permitirá engañarnos), de un presidente débil. Un presidente que quizá no dure mucho, pero que habrá calcinado las esperanzas, que habrá consumido la paciencia, de una vasta porción de españoles. Como diría Rajoy, suerte a todos.

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