La ventana

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

El azahar y la fritanga en mano a mano

Repetidamente ha venido a este mirador lo del repelente olor a comida que se percibe en la Sevilla histórica. Ya no trasmina el jazmín, la dama de noche ni el azahar sino el olor a fritanga y, aún peor, el de paella a deshora. Mateos Gago, esa arteria que está entre las más bellas del mundo, es un largo comedero con comensales de cualquier lugar de la Tierra. Lo hemos repetido hasta la saciedad, pero viene a cuento porque es una lacra a la que no se le pone coto. Mateos Gago, Albareda, General Polavieja, ya incluso la Alfalfa son comederos en sesión continua. La Sevilla eterna convertida en una mesa interminable con olor a aceite multiusado para que el olor de Sevilla se haya hecho especialmente desagradable. El peatón en esta Sevilla nuestra no está sólo arrinconado por los veladores, sino también atufado sin descartar que llegue a verse cautivo y desarmado.

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