La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

Los bancos parecen ahora gintonerías

Un tío de pie tras un atril recibe al cliente de la sucursal como el metre de un restaurante que asigna mesa

El neomárquetin consiste en buena medida en que nada parezca lo que es, en una apuesta por la desubicación, en jugar al despiste y en abonarse al impacto de la sorpresa. Los clubes de fútbol se hacen la foto de familia con el Archivo de Indias o el Alcázar de fondo, las tabernas alternativas se decoran con muebles usados como si fueran el salón de casa y los alimentos adquieren formas geométricas en platos igualmente geométricos. Todo es diseño. La ola del minimalismo y de la confusión alcanza de pleno a las entidades bancarias. Cada vez son menos sucursales, con menos entradas de luz al estilo de las rehabilitaciones que dirige Guillermo Vázquez Consuegra y con un mobiliario y un ambiente propios de una gintonería. Entra usted en las nuevas oficinas bancarias y le recibe un tío de pie detrás de un atril escuálido que parece el metre que mira las reservas y asigna las mesas. El atril reza "Hola", tuteándole al igual que todos los rótulos que adornan la estancia. "Te atendemos". "Conéctate". El tratamiento de usted, debido siempre en las relaciones profesionales, queda sacrificado en el altar de la informalidad que supuestamente acerca a las personas. Cuando consigue que le atienda un empleado, lo hace en una mesa de madera de tono claro propia de un hostel o cafetería para Erasmus, de esas que sirven el café en una taza del tamaño de una bañera junto a un bol cargado de frutas y rebanadas de panes raros, todo lo cual se queda después sucio durante horas sobre el velador. Mientras el agente bancario atiende su consulta, usted se da cuenta de que muy cerca hay también mesas altas con taburetes y paredes oscuras con lucecitas que indican la senda para que no se tropiece, como en los cines. Pueden aparecer señoras con altos tacones y sonrisa de diseño que le preguntarán qué desea si lo ven deambular más tiempo de la cuenta a la búsqueda de la caja. Le indicarán que todo puede hacerlo en el cajero, que es de lo que se trata. La caja, obviamente, parece cualquier cosa menos un caja de toda la vida, por eso usted no la encontraba. Da pena ver las mesas circulares y pequeñas donde han de trabajar algunos cajeros y apoderados, cuando no han de hacerlo en el escaparate, de cara al público callejero como si fueran monos del zoo de Jerez. Estos bancos de hoy parecen gintonerías de nuevo cuño con mobiliario de Ikea y puertas con picaportes casi inapreciables. Al final llegará alguien y hará como Susana Díaz al entrar en San Telmo, que mandó colocar un sofá blanco en su despacho para aclarar los tonos de la decoración. Pues en el banco acabarán pidiendo un gin-tonic en vez de una hipoteca. Con rodajita de limón y que alguien encienda la luz.

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