Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Cuando las barbas de tu vecino veas pelar…

SIN ningún género de dudas, el sentimiento es el motor que mueve al fútbol. Aquellos locos que iban con las porterías al hombro para ponerse en calzoncillos en el descampado más a mano fue la génesis de este invento que parece construido con material indestructible. Sin esa carga pasional, el fútbol sería un juego más, uno de tantos deportes como se pierden en los últimos rincones de los periódicos y no en éste que siempre abre páginas y telediarios.

Viene a cuento por el daño que le está haciendo a muchos clubes la irrupción de empresarios foráneos, exóticos casi todos, que no son más que pan para hoy y mucha hambre para mañana. Gente que arriba prometiendo y hasta dando de entrada el oro y también el moro, pero que se cansa cuando los resultados deportivos no salen como se desea. Y es que contra unos resultados negativos, la única vacuna es ese sentimiento que roza la locura y que entra de lleno en el fanatismo.

Lo más reciente se está dando en Valencia con ese Peter Lim que entró con Jorge Mendes de la mano como un elefante en una cacharrería. Jamás se vio a un Valencia como el del domingo en Nervión, absolutamente inanimado a falta de ese sentimiento valencianista que tantíismo escasea en Singapur. Aquel Piterman fue el pionero y fíjense por donde vivaquea el Racing, como vamos a ver si el Málaga del jeque Al Tani no va a tener que refundarse una vez más.

Y viendo lo que estamos viendo, bueno sería que aquí se tomase en cuenta aquello de que cuando veas que rapan las barbas del vecino, pon las propias en remojo. No parece que en el fútbol según Sevilla vaya a ocurrir esto, pero nadie está a expensas de un despropósito así. Tanto el Betis como el Sevilla no se merecerían un atentado de esas proporciones, conque vamos a llamar a la sensatez y a la unidad para vacunar a ambos sentimientos contra tan nocivos virus exógenos.

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