Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Sobre el beso que Isco no dio al escudo

DENTRO de la ola de ridiculeces que nos invade al calor de las presentaciones de futbolistas me llamó especialmente la atención algo que se sale de forma tajante de la moda. La moda de besar el escudo o de afirmar que se llega a lo más grande que existe en el orbe o en la localidad son unos brindis al sol en busca del aplauso fácil y he de decir que el malagueño Isco supo pasarse por el arco triunfal susodicha moda.

En pleno césped del Bernabéu, el personal que se dio cita en su presentación, que suele ser perteneciente al sector más ultramontano de cada club, le pedía que besase el escudo del Real Madrid que estrenaba en el pecho. Esos hinchas preferían el beso al recital de virguerías que el malagueño prodigaba con el balón. La pelota no caía a la hierba y el público seguía con el soniquete de "Isco, besa el escudo; Isco, besa el escudo", pero él continuaba a lo suyo con su mejor sonrisa, eso sí.

Y el chaval no besó el escudo, pero en un alarde de vamos a llevarnos bien fue su hermano el que le hizo el quite y le evitó lo que podría ser un cáliz improcedente. Luego, ante ese periodismo que quiso provocar una guerra dialéctica con el gran rival y que estuvo más pendiente de hablar de su can Messi, Isco dijo lo que siempre debiera decir un futbolista con confianza en sí mismo y no necesitado de implorar el aplauso: "El escudo lo besaré haciendo goles en el campo".

Me ganó la hombría de Isco en la calle como antes me ganó con su calidad en la hierba. Nada que ver con la de tantos y tantos besadores de escudos que nada significaron en sus vidas hasta ese día del fichaje. Ha sido un soplo de aire limpio que ojalá ayude a descontaminar este tiempo de presentaciones con tanto recién llegado diciendo estupideces que nadie le pidió. A Isco sí que le pedían que besase el escudo y bien que aguantó el tipo para comportarse como un tío cabal.

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