Gafas de cerca

José Ignacio Rufino

jirufino@grupojoly.com

Contra la bolsa de plástico

Las formas de medir el desarrollo de una sociedad suelen ser cuantitativas, y la reina de sus indicadores es la renta per cápita. Hay asuntos más blandos o cualitativos que dicen mucho del progreso de un territorio y sus habitantes. No hablamos de tasas de Felicidad Interior Bruta o el Índice Genuino de Progreso; que existen, sí, y hay no pocas cabecitas perfilando su medición: se le debe reconocer lo retador de su propósito, por ejemplo al considerar la Vitalidad de la Comunidad como algo medible, algo que resuena a Paulo Coelho. Hay rasgos más de andar por casa. O por el carril-bici: aunque la predominancia del coche es un claro síntoma de subdesarrollo -justo lo contrario que a mediados del siglo pasado-, la manera en que los ciclistas se comportan en sus vías específicas simboliza bien el respeto por los demás y por lo colectivo, de forma que una ciudad maleducada con el coche (uso del claxon, doble fila, comportamiento de "tonto el último" ante un embotellamiento, pasión por saltarse el rojo) será maleducada en el ciclismo urbano (en mi ciudad parece obligatorio saltarse los semáforos si vas a pedales). Si además se permiten vehículos a motor -bicis y patinetes eléctricos, segways- habremos hecho un pan con unas hostias, y los enemigos de la bici harán palmas con las orejas del mismo gusto.

En un país de no pocos chillones como es el nuestro -también un rasgo de incultura-, la pasión nuevorrica por tener una mascota o dos es otro rasgo de dudosa modernidad, y más bien puede ser lo contrario a la vista de la cantidad de truños que salpican barrios tanto progres como de toda la vida de Dios. Esa lacra propia de atrasados invade nuestros pueblos, en los que llevar al pinsher o al Terranova -tan de olivar y tan nuestros- amarrado parece que fuera cosa de pringaos; no digamos recoger sus marrones. Mi indicador preferido de progreso/retraso es, sin embargo, el uso de plásticos, sobre todo de botellas de agua y, más aún, bolsas de la compra. Un cáncer planetario, que hace que los lenguados estén cada vez más hechos de plástico fino, dicho sea con la venia de Auserón. La RAE ha declarado palabra del año a microplástico, algo plausible. Y algunas cadenas de distribución van por delante de sus clientes. A la cabeza, Lidl. Alemana. Igual que los carriles-bici en Andalucía fueron decisiones políticas en buena medida ilustradas -por el pueblo, pero sin gran reclamación del pueblo-, también lo es la guerra contra la invasiva y altamente dañina bolsa de plástico. Ni pagando ni sin pagar: ¡fuera bolsas, vasos y botellas de plástico del comercio ya!

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