La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

La bombilla apagada y la calavera

Algunos habrán comprendido ahora el cartelazo de las fiestas mayores que hizo Ricardo Suárez para el año 2016

La bombilla apagada y la calavera La bombilla apagada y la calavera

La bombilla apagada y la calavera

Cuando se presentó el cartel de las Fiestas de Primavera de 2016 en el Salón Colón, muchos se llevaron las manos a la cabeza porque el autor, Ricardo Suárez, había confeccionado una suerte de mosaico donde se representaban motivos de la Semana Santa y la Feria, incluidas una bombilla apagada y una calavera. Al pie de la bombilla se lee una leyenda en latín: In ictu oculi. Y otra debajo de la calavera en español: Así pasa la gloria del mundo. ¿Cómo se podía tener semejante ocurrencia en el cartel oficial que anuncia las fechas más alegres de la ciudad? Pues ya lo ven. El autor no se equivocó en nada. Decidió, por ejemplo, emplear el mismo tono para el rostro de la Macarena que para el cráneo. La muerte y la Esperanza como certezas únicas del ser humano. La ciudad está ahora melancólica, meliflua, triste, apesadumbrada sin fiestas mayores. Ahí está esa carencia de luz representada en la bombilla que parece más bien fundida. Algunos no entendieron ese atrevimiento, quizás porque hemos estado acostumbrado a todo. Y ese todo se nos ha arrebatado tan sólo cuatro años después de aquel cartel tan valiente como premonitorio. La ciudad cuenta los muertos por días. Sí, la misma ciudad de las vísperas gozosas, del fervor de la religiosidad popular, del júbilo y la jarana durante una semana en la ciudad efímera. Todo estaba en aquel cartel. Había que ser muy arriesgado para darle su sitio a la muerte, al apagón en el que vivimos, a la desazón que nos invade. La realidad ha dado la razón al autor del cartel, que demostró conocer la ciudad a la perfección. No se trataba de aguarle la fiesta a nadie, sino de instar a una reflexión que ahora algunos podrán entender con sólo poner el telediario. Estamos como la bombilla, cada vez conocemos más fallecidos y ansiamos las fiestas como símbolo de la normalidad que nos fue arrebatada. Sí, en un abrir y cerrar de ojos pasamos del gozo al pozo, de la bulla de capirotes al vacío, de no caber en la plaza de toros a dejarla sin actividad, de recorrer las arenas del camino a la Virgen custodiada en Almonte porque no ha podido organizarse el traslado, de colocar los primeros tubos de la Feria de 2020 a desmontar el esqueleto. Todo estaba en el cartel. Incautos los que se reían en las redes sociales, los que no supieron entender la obra. Podrá gustar o no, pero no se podía ni se puede dudar de la verdad del mensaje. Por desgracia nos hemos topado con esa realidad de una forma cruel. Tan sólo eran una bombilla y una calavera, dos motivos más de un rico cartel. ¡Pero vaya carga de verdad llevaban!

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