Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Un brindis al sol

LO único que nos faltaba es que Bill Clinton viniese a decirnos que España debe seguir enchufada a las energías renovables, sin miedo. Y que además lo diga por la simpática suma de 700.000 pesetas el minuto; que por 50 minutos de charla pone su minuta en más de 200.000 euros. Con el riesgo de que como el consejo ha sido tan caro, hay que seguirlo a pie juntillas. Aquí estábamos recuperándonos de la fascinación por economía sostenible, víctimas del síndrome lo-renovable-es-bueno. Y encima, el ex presidente norteamericano nos empuja aún más hacia las energías limpias, porque crean mucho empleo. Nadie discute este principio. Sólo que hay que combinarlo con otros elementos, como la desobediencia natural de este tipo de energías, porque no se pueden programar ni el aire, ni el sol, ni la lluvia.

Después está la falta de madurez de esta tecnología incipiente. Un representante de la competencia, el consejero delegado de Gas Natural, en una conferencia hace un par de semanas apuntó el riesgo de que dentro de poco nos encontremos con un parque de generación obsoleto, al que haya que mantener las primas durante 25 años. A su juicio, existe el peligro de que empresas extranjeras inviertan en España en tecnologías no maduras, de las que luego se beneficiarán fuera, una vez que hayan experimentado con ellas en el mercado español: la curva de aprendizaje jugaría en nuestra contra. Hay que añadir que las centrales de ciclo combinado a base de gas tampoco son la panacea: España se comprometió en el Tratado de Kioto a aumentar sus emisiones de gas efecto invernadero en un 15% para 2012 y ya estamos a estas alturas en Kioto+53%.

Y además está el modelo de crecimiento. Con 4,5 millones de parados, nada se sabe de la apuesta del presidente Zapatero por una economía sostenible. La construcción de viviendas se tendrá que resituar en la mitad de porcentaje del PIB que antes de la crisis, pero es un sector decisivo para la recuperación. Y también serán locomotoras del crecimiento el turismo o la obra civil. Entre tanto, España no será un país competitivo mientras los sectores de alta tecnología sigan facturando sólo el 1% del producto nacional bruto.

En estas disquisiciones andábamos, cuando Clinton ha dicho en Sevilla que las renovables son una mina. Pero no corremos el riesgo de perder la cabeza: los especuladores de este país ya lo sabían; por eso han colapsado los negociados del Ministerio de Industria a la caza de primas que superan en diez veces las previsiones gubernamentales para la energía termosolar. La broma se puede suponer 65.000 millones de euros, a pagar en la tarifa durante 25 años. Mientras estos discursos no se hagan completos, con una propuesta precisa del mix energético y el modelo de crecimiento que se propone, no dejarán de ser un brindis al sol. Carísimos consejos, pero brindis al sol.

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