Editorial

Un buen acuerdo falto de concreción

SE habían exagerado tanto las tensiones previas a la cumbre del G-20 celebrada anteayer en Londres que su desarrollo y desenlace han sido recibidos con alivio y satisfacción. Lo cierto es que las aireadas diferencias entre los líderes de Estados Unidos y Gran Bretaña, por un lado, y los de Alemania y Francia, por otro, sobre la importancia de los planes de estímulos fiscales para salir de la crisis y sobre la necesidad de un nuevo orden financiero internacional, respectivamente, han terminado arrojando un balance en buena medida positivo de esta reunión de las naciones más desarrolladas de la tierra y algunas de las emergentes, que en su conjunto representaban más del 80% de la riqueza del mundo. Ello es así porque se ha trazado una auténtica hoja de ruta contra la crisis, si bien hay que advertir que algunos de los acuerdos son extraordinariamente concretos, mientras que otros han quedado sin desarrollar y subordinados en parte a la voluntad de cada país. Así, los recursos del Fondo Monetario Internacional se han triplicado y se inyectará un billón de dólares al sistema financiero, con especial atención a los países emergentes. La arquitectura institucional del sistema avanza con cuentagotas, con la creación de un Consejo de Estabilidad Financiera cuyas competencias no se concretan. Sin embargo, sí se han producido avances en materias en las que la Unión Europea ha venido insistiendo: la lista de los paraísos fiscales y las sanciones correspondientes, la regulación de los fondos de alto riesgo y el control de las agencias de calificación, todos ellos en el origen de la actual debacle de la economía mundial. En el debe de la cumbre hay que señalar también la escasa contundencia de las medidas contra el proteccionismo económico y la levedad con que se ha tratado la cuestión de las remuneraciones de los ejecutivos de las empresas salvados con fondos públicos. En definitiva, la cumbre de Londres ha sido bastante más constructiva y avanzada que su antecesora de Washington, aunque queda mucho esfuerzo internacional y de cada país para articular una mejor respuesta a la crisis y levantar los instrumentos que permitan salir reforzados de la misma.

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