Por montera

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Los calcetines de Siria

LLEVO tres años con los calcetines rotos. Desde que el mes de marzo de 2011 se desató la guerra civil. Me acuerdo de que con ilusión los estrené cuando miles de sirios se reunieron en la Primavera Árabe para liberarme del jefe que me gobierna desde hace trece años, Bashar al-Assad, y que pertenece a la minoría alauí chií. Los chiítas creen que sólo pueden gobernar los descendientes de Mahoma, en cambio los sunitas no. Bashar fue muy agresivo para sacar a la gente de la plaza, mandó matar a muchas personas muy al estilo de su padre, que gobernó durante treinta años con mano muy dura.

Desde entonces, todos mis pasos me producen heridas que escupen sangre. Cada paso que doy veo cómo se quedan mis huellas en el suelo como si las marcara en una playa sobre la arena. En cambio aquí no hay agua para que las borre. Yo dejo huellas de sangre por todo los sitios a los que trato de huir. Hoy han seguido bombardeándome y a mis ciudadanos los ejecutan después de hacerlos desaparecer de manera forzosa. Los meten en celdas y cárceles donde les torturan cortándoles los dedos hasta que los deshacen en pequeños pedazos. Hay días que los matan rápidamente porque detienen a muchos civiles y nos les da tiempo de martirizarlos. Millones de madres y niños se están yendo de aquí hacia los países vecinos pero de momento hay muchos en campos de refugiados. Al Qaeda ha dicho que va a seguir matando a mi gente.

Hoy cuando me he despertado he mirado mis calcetines rotos y mis pies ensangrentados. Cuando he girado la cabeza he visto llorar a mi madre. Lleva así muchos meses. Desde que una bomba cayó en su casa y nos sacó a rastras a todos mis hermanos. Ella también está sangrando por el corazón y tiene todo su cuerpo inundado de sangre. Cuando tratamos de huir se topó con las vallas de la frontera y como para cruzarla había que sortear una zona inundada de agua tuvo que dejar abandonadas las maletas para poder alzarnos a nosotros, no mojarnos, y así cruzar a la otra parte. Ahora estamos en un campo de refugiados con dos millones de vecinos de mis entrañas. Les han echado de su hogar y a mí se me consume la identidad. Todos esperan a que nos dejen al menos una manta de las que reparte Acnur o Unicef. Pero andan justos para ayudar. No sé lo que va a pasar conmigo pero en enero han dicho que se quiere reunir más de 30 estados para exigir la paz. No me creo que se pongan de acuerdo EEUU, Irán y Rusia. A Irán le interesa mantener a mi presidente porque así refuerza su influencia en la región. A Rusia porque mi estratégico puerto marítimo en Tartus lo considera como suyo. EEUU quiere acabar con Bashar para debilitar a Irán. Mientras Londres y China me van a limpiar de productos químicos. Sólo quiero unos calcetines nuevos que no dejen huellas de sangre.

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