Doble fondo

Roberto Pareja

¿Por qué no te callas?

SOMOS dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras, así que no estaría mal que gobernantes y opositores hablaran menos e hicieran más. O siquiera fueran prudentes y no prometieran el oro y el moro para luego dársela con queso a sus confiados votantes excusándose con cara de ingenuos con que no sabían la que se les venía encima del trono. Es ésta una arraigada costumbre, una ley no escrita, entre la clase política en general desde el inicio de los tiempos y de Mariano Rajoy en particular a lo largo de estos dos eternos últimos años, con sus incombustibles recordatorios de la herencia que le dejaron los socialistas, aunque ya empieza a levantar cabeza, a sacar pecho, a quitarle el polvo a su programa y a ponerse estupendo.

Y era presumible que el jefe del Gobierno nos diera ayer algún detalle de esa música celestial de la rebaja de impuestos que sonó el sábado ante la desafinada orquesta del PP.

Y la convención nacional también parecía un buen marco para anunciar quién va a relevar a Jaime Mayor Oreja al frente de la candidatura europea tras su corte de mangas, no se sabe bien si haciendo de la necesidad virtud a sabiendas de que el jefe no tenía demasiada clara su continuidad o por su rechazo puro y duro a la política antiterrorista. Incomprensible por cierto a la luz de la hemeroteca, donde refulgen esos 103 presos etarras a los que el ex ministro del Interior acercó a cárceles vascas para, decía, "crear ambiente de negociación" en la tregua de 1998.

Pero no. Ni detalles del rimbombante anuncio que congracia al PP con su programa ni tampoco rastro de la eurocandidatura. Al ensordecedor canto a la unidad -de España y del partido- y a las loas a sus beatíficas reformas -incluida la del aborto, en un arrebato de Gallardón ante la batahola intra y extramuros del partido- se le suma ese nuevo Rajoy desafiante que resurge entre las cenizas de su programa y que se pone estupendo en plan rey dándole dos opciones a Rubalcaba: callar o reconocerle sus méritos.

El secretario general del PSOE no tiene mucho margen de maniobra por ahora. ¿De qué puede hablar?

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