Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

La calma

EL mundo parece desplomarse, la riada del desastre financiero se desparrama por la calle y nos arrastra a todos sin poder asirnos a las ramas de una estabilidad improbable. Todo intenta ser lo que fue pero ya nada es lo que era. Y los etarras, como siempre, siguen riéndose. Nuestro entorno tiembla como un seísmo en El Hierro, pero siempre hay cosas, y personas, que parecen permanecer a nuestro lado. Todo podrá cambiar y conmovernos, pero Ana Blanco seguirá contándonos con amabilidad y solvencia lo que ocurre a la hora en que los espectadores oyen con más atención: las 3 de la tarde.

Ana, fiel a su peinado aunque algún ángulo de su cara, ay, nos delate el paso del tiempo, se sentó en la mesa del Telediario en 1991 y su profesionalidad ha sorteado cambios políticos, cataclismos en RTVE y presidentes y consejeros de toda calaña y condición. Ana Blanco representa la credibilidad de la cadena pública, al margen de vaivenes y provocaciones. El 21-N puede traer días de pasillos dramáticos en Torrespaña, pero seguro que nadie podría discutir que a las tres de la tarde quien se ha de asomar a la pantalla es esta bilbaína que en sus inicios llegó a ser la voz en off de algún pionero concurso de Canal Sur.

Es poco cortés que les diga que Ana acaba de cumplir unos 50 años que todavía no representa pero que le sientan muy bien. En estos meses sólo nos cuenta todas esas malas noticias que nos dejan el alma molida a palos, pero nunca disimuló la sonrisa cuando había que alegrarse en los días de vino, rosas, ladrillos y medallas de oro. Aquellos días en que Grecia, como mucho, nos daba algún disgusto en baloncesto.

Hay cosas que todavía nos pueden acariciar el pellejo del desencanto como la narración reposada de la eficaz conductora del Telediario 1. Las malas noticias, con calma, son un poco menos hirientes.

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