EL candidato del Partido Popular para las elecciones del 22-M, Juan Manuel Moreno Bonilla, ha de hacer frente a una serie de dificultades en el camino de la deseada victoria electoral. Entre ellas, el nivel relativamente bajo del conocimiento que de él tienen los andaluces, los sacrificios de la política de austeridad del Gobierno de la nación y el listón que le puso hace tres años Javier Arenas, al derrotar por vez primera en unos comicios autonómicos a los socialistas, que de todos modos continuaron en el poder. A lo que no tendría que hacer frente es al llamado fuego amigo: las declaraciones y actos de otros líderes nacionales del PP que, al plantear críticas a la Junta de Andalucía, lo hacen tan torpemente que insultan a la comunidad autónoma andaluza y, con efecto bumerán, facilitan la campaña del PSOE andaluz, muy hábil en revertir a su favor estos dardos injustificables de campaña. Con anterioridad fueron dirigentes populares tan polémicas como Esperanza Aguirre o Ana Mato quienes dibujaron con brocha gorda un panorama de Andalucía que resultó vejatorio para los andaluces, su grado de educación y sus problemas económicos. Ahora ha sido el presidente de Extremadura, José Antonio Monago, el que ha impulsado su propia campaña para la reelección en mayo a través de una serie de vídeos de animación en la que se ridiculiza a los andaluces y se incurre en todos los tópicos de folclorismo, resignación y clientelismo que dañan la imagen de esta comunidad autónoma. La secretaria general del PP, Dolores de Cospedal, ha pedido públicamente a Monago que retire los dibujos y se centre en la defensa de sus políticas como presidente extremeño. Pero el más indignado ha sido Moreno Bonilla, consciente de que los chuscos mensajes de Monago, lejos de ayudarle en su difícil campaña electoral, le perjudican seriamente, al vincular al partido que representa y lidera en esta región con esa lamentable caricatura. Hay quien ha llegado a la conclusión, medio en broma medio en serio, de que el mejor agente electoral del PSOE no se encuentra en la sevillana calle San Vicente ni en el Palacio de San Telmo, sede de la Presidencia de la Junta, sino en las residencias oficiales de líderes no andaluces del PP que ni siquiera estarían legitimados para intervenir en la campaña autonómica. No basta con el ruego de Cospedal: Monago debería ser obligado a abandonar su espuria propaganda falsamente institucional. Por la dignidad de Andalucía, que es lo más importante, desde luego, pero también por no poner más chinitas en el camino a Moreno Bonilla, que ya tiene serios obstáculos que superar para alcanzar el día 22 un resultado honroso y ajustado a sus méritos.

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