CAÍA la tarde por los Humeros. La Alameda rebosaba de niños corriendo tras el balón, los perros se paraban oliendo cada alcorque y las terrazas de los bares estaban atestadas de personas que, con atuendo ya veraniego, disfrutaban de una tarde de primavera y de la debilidad de los rayos del sol. Todo fue adentrarme por entre las estrechas calles del barrio para que comenzara a oír el tañer de las campanas de San Clemente tocando a muerto. Una campana grave y otra más aguda que con su sonido lento y alternante ponían un punto de transcendencia que contrastaba con lo que acababa de dejar atrás. Así es la vida misma, la alegría mezclándose con el dolor, expresada en un lenguaje ya perdido como es el de las campanas. Ellas son capaces de transmitirnos el llanto cuando doblan o la alegría cuando repican.

Calles con nombres alejados de modas y vanaglorias: Calatrava, Yuste, Vascongadas, Reposo… El tañido de las campanas ha vencido por fin al bullicio y tan solo un gato callejero me acompaña hasta llegar a la portada del compás de San Clemente. Es Madre Paz la que a sus ciento dos años y casi ochenta de vida conventual ha visto, por fin, llegado el momento de encontrarse con el Padre, con aquél al que toda su vida ha invocado desde un rincón de nuestra ciudad dedicado a la clausura. ¡Cuántas horas de coro y cuántas tardes en la celda orando por todos sin permanecer ajena al mundo! ¡Cuántos años de trabajo en silencio y de entrega a una comunidad que hoy por hoy son las vecinas más antiguas de Sevilla!

El sonido de las campanas, lejos de entristecerme, me trasladó a la más auténtica Sevilla, aquella que permanece fiel a su pasado sin olvidar que la vida es el futuro. No solamente son compatibles ambas cosas, sino que el segundo depende en gran parte del primero. Véase, si no, de qué sobrevive actualmente nuestra ciudad. El tiempo pareció detenerse aquella tarde en San Clemente. La joven comunidad que ha ido renovando poco a poco a la anterior ha sabido recoger fielmente el testigo y están ya plenamente integradas en una ciudad que lo mismo que es excesivamente complicada en demasiadas ocasiones, también es capaz de resurgir cual Ave Fénix.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios