¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Mis candidatos favoritos

Espadas ha sabido manejar las dos Sevillas: para la rancia, Cabrera; para la progre, Muñoz

Al flamante candidato de Ciudadanos para la Alcaldía, Álvaro Pimentel, lo conocimos fugazmente una vez. Fue a finales de los 90, en la plaza del Salvador, después de una jornada laboral en el palomar de la Cuesta del Rosario, donde la revista Mercurio tenía su primitiva redacción. Para variar, allí estábamos con Javier González-Cotta tomando una cerveza y alguien nos lo presentó como "el hermano del ministro". Nos llamó la atención porque llevaba en la solapa una banderita de Andalucía (o quizás pretendía ser del Betis, no lo sabemos). En esos años del ladrillo ya nadie llevaba insignias en el ojal, tampoco jazmines. Nunca más supimos de él hasta que Ciudadanos anunció que era su apuesta para las municipales en Sevilla. Durante la cuaresma ha sido muy activo en actos capillitas de diverso pelaje. Veremos si sobrevive al 28-M y a los cambios de humor de Ciudadanos.

Respecto a la cabeza de lista de Adelante Sevilla (Podemos y sus afluentes), Susana Serrano, no tenemos el placer. La hemos visto en alguna ocasión -las pocas veces que vamos- por los bares de la Alameda y su hinterland, la melena roja al viento, como una llamarada. Los que la conocen nos dicen que es mujer de carácter, algo que en esa charca infecta que es la lucha por el poder se puede considerar más como una virtud que como un defecto. Se ve que es política dedicada en exclusiva a su feligresía, sin interés por hacer razzias en terreno enemigo para rascar algún voto. Lo mismo, pero en el extremo contrario, caracteriza a Cristina Peláez, de nuevo candidata municipal de Vox tras no lograr un fichaje de relumbrón, tipo Soto. Es una completa incógnita escondida tras una marca que también es una incógnita.

Beltrán Pérez, sin embargo, es más conocido en la ciudad. No es para menos. Desde que tenía pantalón corto ya correteaba por la casa consistorial. Le han dado la oportunidad de estrellarse contra Espadas y él ha aceptado con lealtad de samurái. Siempre es correcto y amable y, cuando en el PP se despotricaba contra el matrimonio gay, él se ponía en la cabecera de la manifestación del orgullo en Sevilla, su camisa blanquísima perfectamente planchada, rodeado de plumas y tangas tachonados. Tiene criterio propio. Algunos, con divina mala leche, le llaman el "pequeño Napoleón".

...Y Espadas. Todo el mundo habla bien de él y sabe manejar los equilibrios entre las dos Sevillas (que no tiene nada que ver con el eje derechas-izquierdas). Para la llamada "rancia" tiene al hombre ideal, Juan Carlos Cabrera (el que usó la presentación de la pregonera como un discurso electoral); para la progre, a Antonio Muñoz, siempre presente en los saraos de la modernidad. Muchos lo señalan como el vencedor, pero todo se le puede complicar. El pacto trifálico en el Parlamento andaluz puede tener su versión sevillana.

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