Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Dos candidatos

Beltrán Pérez sabe que sus escasas posibilidades de ser alcalde dependen de cómo entre Vox en el Ayuntamiento

De la campaña electoral en Sevilla se puede hacer ya un balance bastante aproximado, aunque falten aún cinco días para que termine y siete para que conozcamos qué es lo que dicen las urnas. Éstas son unas elecciones en las que sólo hay dos candidatos a la Alcaldía y cinco marcas que aspiran a sentar concejales en la Plaza Nueva. En la ciudad pervive todavía una situación de bipartidismo, aunque ya no sean en exclusiva PP y PSOE los que cuentan: los dos grandes partidos que han conformado la democracia española lideran uno un bloque de derecha y el otro uno izquierda. Ciudadanos y Vox, por un lado, y Adelante Sevilla, por el otro, son compañeros de viaje que adquirirán su verdadera dimensión a la hora de los pactos.

Pero lo fundamental es que éstas son unas elecciones que se juegan entre dos. Beltrán Pérez sabe que sus posibilidades, escasas según todos los indicios, de llegar a ser alcalde dependen de la fuerza con la que Vox entre en el Ayuntamiento y sume sus escaños a los que logren el propio Beltrán y Ciudadanos. Si el PP fuera el partido más votado en las elecciones del próximo domingo toda Sevilla se llevaría una mayúscula sorpresa, incluido el propio candidato. El PP atraviesa el peor momento electoral en décadas, como se demostró en las últimas elecciones generales. Su cercanía a las municipales funcionará como un lastre del que el aspirante a la Alcaldía tiene casi imposible desprenderse. Pero no sólo fue en las generales. También en las andaluzas de diciembre el PP obtuvo unos resultados de pena. Sólo la carambola propiciada por la entrada de Vox llevó a Juanma Moreno donde nadie pensaba que iba poder estar. Los milagros sólo ocurren una vez. Beltrán lo sabe, aunque sigue confiando en que esa regla tenga una excepción en Sevilla.

Juan Espadas es consciente de que tiene al alcance de la mano revalidar su puesto, pero depende de la capacidad que tenga de movilizar a un electorado que le es propicio, pero que en más de una ocasión se ha mostrado indolente con las elecciones municipales, tanto por un exceso de confianza como por un desapego que ha castigado al PSOE más de una vez, la última en las autonómicas que sacaron a los socialistas del poder después de casi cuarenta años de predominio absoluto. Espadas intenta movilizar a esos votantes de los distritos que siempre han optado por la izquierda, pero no las tiene que tener todas consigo y está haciendo una campaña que intenta pescar en los caladeros tradicionales de la derecha. ¿Conseguirá rentabilizar esta política o se le volverá en contra? La respuesta, dentro de una semana.

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