la ciudad y los días

Carlos Colón

De caoba, oro, plata y bronce

ÉSTA es la semana sin envidia. Esta es la semana en la que quien sabe dónde vive, por qué vive y para Quién vive halla su plenitud. Sentimos pena por quienes no están aquí, aunque el lugar en el que estén sea mil veces más hermoso, más vital y creativo o más importante. Se podrán anhelar horizontes lejanos otras semanas del año, pero no ésta. Ahora todo está en su sitio. ¿Quién querría, hoy, estar en otro lugar? ¿Quién que esté lejos no desearía estar aquí? ¿Quién se dejaría quitar el lugar que ocupa en su cofradía, bajo su trabajadera, en su banda o en esos sitios en los que tantos sevillanos están citados desde esta tarde hasta mañana al mediodía con su emoción?

Jueves Santo en Sevilla. Puertas de caoba, oro, plata y bronce que se abrirán a medianoche para que entre por ellas la Madrugada. Y cuando ésta muera mediado el Viernes Santo -eclipse en la Resolana, ocultándose el sol de la Macarena a la misma hora en que se cumplió la sentencia- caerá la sombra agónica de Triana sobre Sevilla. De Fundación a Cachorro, de Rosario a Patrocinio, de Pasión a Jesús Nazareno de la O, de Exaltación a Carretería, de Quinta Angustia a Mortaja, de Valle a Montserrat y Soledad, ¿quién que sepa querría no estar hoy en Sevilla? De Resolana a San Lorenzo, de Pureza a Valle, de San Antonio Abad a Magdalena, ¿quién que sienta querría no estar esta Madrugada en Sevilla?

Nos hirieron el Domingo de Ramos. Nos mataron el Lunes y el Martes Santo; y éste por segundo año consecutivo, algo que nadie recuerda. Nos nublaron el frío Miércoles que más parecía de Ceniza que Santo, sólo alumbrado por los oros de San Bernardo. Y hoy nos despertaremos temblando por esta larga jornada que dura dos días y una madrugada, por esta mañana que debería tener la plenitud de luz de un Domingo de Ramos severo, por esta tarde de campanas llamando a los oficios, por esta noche de Gran Poder y Esperanza, por esta mañana de anclas sobre capas y de plumas blancas, por esa tarde -porque todo es lo mismo: ininterrumpida sucesión- de agonía.

Escribió Hegel que la fe en lo divino sólo es posible porque ya está en el hombre. Esta tarde ante Fundación o ante mi Jesús Nazareno con la Cruz al Hombro del Valle; y esta noche ante el dulcísimo Nazareno, ante el Calvario o ante el Señor del Gran Poder, esa fe en lo divino que está en el corazón del hombre estará ante sus ojos. Escribió Heidegger que en la esencia del ser está el existir. Y que Dios es la luz de ese ser. Esta noche esta luz de Dios tendrá nombre propio y el apellido que le dio su barrio. ¿Quién que sepa dónde vive, por qué vive y para Quién vive querría no estar aquí?

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