La ciudad y los días

carlos / colón

En la capilla de los Ángeles

ES como si un Crucificado de Zurbarán se hubiera hecho tridimensional. O como si el Officium Defunctorum de Tomás Luis de Victoria se hubiera transfigurado en una imagen esculpida. Los Crucificados de Zurbarán se admiran en museos y la música de Victoria se interpreta en conciertos. Han sido arrancados de sus lugares naturales, que son los templos, y han perdido su función más importante, que es incitar a la devoción, desvelar lo sagrado, representar a través de la pintura o la música la conmoción y el temblor de la manifestación del misterio, elevar el ánimo para que se entre donde no sabe y se quede no sabiendo, toda ciencia trascendiendo.

Este Crucificado asombroso, en cambio, está donde debe estar, en una capilla, y sirve para lo que fue hecho, estimular la oración. Una capilla chiquita situada entre el ir y venir, el ruido y el tráfico de la ronda. Una puerta ante la que muchos pasan ignorando el tesoro artístico y devocional que alberga. Una extraordinaria obra de arte que se puede comparar a las de Zurbarán o Victoria, celosamente custodiadas en museos o interpretadas con reverencia por los mejores conjuntos polifónicos del mundo, está expuesta día tras día, gratuitamente, a la contemplación de quien vaya a la capilla de los Negritos. Y cada Jueves Santo, en un severo paso túmulo, se echa a la calle entre toques que llaman a los Oficios para dejar claro que empieza el tiempo más santamente trágico de la Semana Santa.

Hoy, día de Nuestra Señora de los Ángeles, culmina el triduo a la Madre del Cristo de la Fundación y mañana se celebrará la Solemne Función. Hoy, además, se celebra allí el Jubileo de la Porciúncula o Perdón de Asís establecido por San Francisco en julio de 1216 y reconocido por el papa Honorio III. Es la fiesta de la Virgen hoy, sí, pero no se le puede hacer mejor homenaje a esta Madre que sentarse en la nave lateral y dejarse llevar por la contemplación de su Hijo de la Fundación. Si no lo conoce, hoy tiene un excelente pretexto para hacerlo. Si está ya de vacaciones anótelo y pásese por la capilla de los Ángeles cuando vuelva. Le aseguro que haría horas de cola para verlo expuesto en un museo. Aquí lo puede contemplar vivo; porque los museos conservan al precio de embalsamar. Cuando, en cambio, están allí para donde fueron hechas, sumando su valor de uso al de contemplación, las obras de arte viven. Como vive Fundación en la ermita de los Ángeles.

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