Editorial

El carné por puntos aprueba el examen

EL año 2005 cerró con 3.332 muertos en las carreteras. El balance de 2008 fue de 2.181. Ese importante descenso del fatídico número de víctimas mortales en accidentes de tráfico está íntimamente ligado a la entrada en vigor del sistema de carné por puntos, que ha cumplido tres años. Los números cantan: este método merece el aprobado tras su periodo de rodaje. No hay que echar las campanas al vuelo y mucho menos dejarnos llevar por el triunfalismo, pero hay que reconocer que el paso de una política estrictamente sancionadora a otra de educación y concienciación de los conductores -con el importante añadido del premio de puntos extras a quienes mejor se comportan al volante- ha sido fundamental para disminuir la sangría de vidas en las carreteras. En paralelo, el fomento de programas sobre seguridad vial desde la más temprana edad junto con agresivas campañas de publicidad alertando de las trágicas consecuencias de una conducción temeraria, han posibilitado el descenso de ese drama al que, en especial los fines de semana, los españoles asistimos con una mueca de horror. Si a todo ello se agrega una mayor contundencia con la que son -y deben ser- penalizados judicialmente quienes infringen el código poniendo en peligro no sólo su vida sino la de los demás, así como la nueva tipificación delictiva de algunas imprudencias, el resultado debe ser positivo. Ahora bien, al mismo tiempo que exige a todos más responsabilidad, la Administración debe corresponder con actuaciones tendentes a hacer los desplazamientos por carretera más seguros, fáciles y fluidos. No debe bajar la guardia en la vigilancia y el control de los conductores, pero menos aún puede relajarse en sus obligaciones en la construcción, mejora y mantenimiento de una red de autopistas, autovías y carreteras que en no pocos casos se hallan en un estado bastante alejado de unas condiciones óptimas. Hay tramos a lo largo y ancho del país que padecen tanto de un asfalto deteriorado como de una señalización incorrecta u obsoleta, cuando no inexistente. Su puesta a punto contribuirá aún más a menguar esa siniestra cifra de accidentes.

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