La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

En carne viva, en alma viva

Como al cardenal Amigo predicando ante él, a todos nos está dejando el Señor en carne viva, en alma viva

Se abrió el cardenal Amigo de capa y de corazón ante el Gran Poder en la Candelaria como ningún seis de enero lo había hecho en la Basílica. Quizás sea que el paso del tiempo desnuda el corazón de los buenos sacerdotes. Como si los años les fueran dejando en carne viva, en alma viva. A mi querido padre Pedro Ibarra, que acaba de cumplir 90 años, se le quebraba la voz y se le saltaban las lágrimas cuando, ya muy anciano, consagraba. Se rindió el cardenal al Señor, sí. Y otro día trataré de lo que dijo, que fue muy importante por muy sentido.

A todos nos está dejando el Señor en carne viva, en alma viva, en estos días únicos que pasarán a la historia de Sevilla; no sólo a la de la hermandad, a la de las hermandades y a la de la Iglesia de Sevilla: a la de la ciudad, toda la ciudad, sin distinción de barrios o clases. Siempre ha sido así con el Señor, que, como tanto me gusta citar, ya escribía Chaves Nogales hace justo un siglo: "De los barrios extremos, de toda Sevilla, llegan los grupos de mujeres, que se arrodillan unos minutos ante la imagen... ¿Cómo siente Sevilla la devoción hacia Nuestro Padre Jesús del Gran Poder? Es indefinible (…) este movimiento impulsivo de nuestro pueblo hacia el Nazareno".

Ahora ha ido el Señor a esos barrios extremos, hoy más lejanos que en 1921, desde los que cada viernes siguen yendo sus devotos. Lean Las fieles devotas que aquí escribía ayer El Fiscal: "En los ojos de ellas, en sus lágrimas, en sus oraciones cantadas y bisbiseadas está la fuerza del Señor. Y en la cara de este Jesús de las periferias, de la ropa colgada, de las fachadas con desconchones, del que sale en camisa de tirantas a verle, quedan las oraciones de sus devotas para siempre". Ante estas lágrimas y estas oraciones, ante el "mira que cosa más grande tenemos aquí" que le decía una señora a su padre inválido, ante las colchas y las fotos del Señor cogidas con pinzas junto a la ropa tendida, ante el rótulo de Carlos Marx que me hizo recordar lo que escribieron George Steiner -"el marxismo es una nota a pie de página del judeocristianismo"- y Núñez Herrera -"lleva este Cristo sobre sí el dolor antiguo de los proletarios"-, no cabe hacer literatura; sólo un testimonio que refleje lo más sobriamente posible, sin retórica sentimental, lo que se está viviendo. Algo que no ha vivido nunca quien, como yo, ha vivido muchas Semanas Santas.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios