La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

Nunca hubo caso Cabrera, pero sí gatos en la barriga

Lo mejor de la polémica del restaurante es la torpeza de algunos en enseñar los felinos empadronados en el vientre. Y no me refiero a VOX

Juan Carlos Cabrera

Juan Carlos Cabrera / M. G.

Al delegado de Seguridad y Fiestas Mayores le han fastidiado un año de su vida gratuitamente. El incidente en un bar el mediodía de Reyes de 2021 acabó en los tribunales de forma indebida. La juez ha emitido un auto de sobreseimiento definitivo demoledor. Vox basa parte de su estrategia en acudir periódicamente a los juzgados, lo cual genera el riesgo de perder. La magistrada ha hecho unas consideraciones que son verdaderas perlas, como que el caso no debió trascender del ámbito político. Ahí, en el ruedo de la Plaza Nueva, es donde debió tener lugar la contienda. Nunca se debe comenzar una estrategia en la que exista un elevado porcentaje de probabilidad de que el contrincante salga más reforzado. Cabrera, que para algunos de mente estrecha representa la Sevilla conservadora dentro del gobierno local, no ha tenido ni que declarar en el juzgado. La historia solo ha servido para ver cómo algunos han liberado puerilmente los gatos que tienen empadronados en la barriga a saber por qué prejuicios sociales, traumas de la infancia o collejas sufridas en el colegio. Y no nos referimos precisamente a los servicios jurídicos de Vox, que allá ellos con sus planes. La magistrada desmonta y niega todos los motivos de la querella. Quizás muchos se precipitaron a alentar a este emergente partido político a tomar una senda donde creían que acabarían con la destitución de uno de los hombres de confianza del alcalde.

La Justicia ha sido lenta, ha tardado demasiado en emitir el auto, pero hay que admitir que de su lectura no se deduce absolutamente ninguna duda en el archivo y, además, contiene muestras de esa cordura que hace tanta falta en una política crispada. A Cabrera se le puede y debe criticar. Motivos hay de sobra porque detenta unas competencias que se prestan a una fiscalización continua. Nunca nos pareció un hombre de dar escándalos, menos en público y con sus padres, mujer e hijas menores delante. Pero, oiga, cualquier puede perder el oremus en un momento dado, de ahí nuestra prudencia en el juicio y en las valoraciones. Todo se fue descafeinando según avanzaba el proceso y se publicaba algún testimonio clave. El daño se ha hecho y con añadidos que no vienen al caso, porque la vida golpea a cualquiera en dos minutos.

Respire hondo, teniente Cabrera. Pero siga trabajando para que los autobuses funcionen, haya más agentes y mejor coordinados, no echemos en falta los taxis en las noches de los fines de semana y haya cuantos menos baches en el pavimento del centro mejor. Si la Justicia lenta perjudica, el paso del tiempo suaviza. La política municipal es sufrir poco a poco cada día. Y vuelvan los gatos a sus escondrijos. Miau.

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