el periscopio

León / Lasa

Lo que los chiringuitos ocultan

Las principales ocupaciones de los jóvenes andaluces son las de camareros y peones; en Cádiz, Jaén o Sevilla, el paro juvenil ronda el 50%

ME cuentan -porque desde el 21 de junio al 21 de septiembre no se me ocurre acercarme a ningún litoral, ni siquiera a mi querida Cádiz- que no cabe una toalla más en las playas, que los chiringuitos están literalmente a reventar y que hay que hacer cola para cenar en los restaurantes de moda, ya saben, aquéllos donde nunca pondrán ya el atún a la plancha, vuelta y vuelta, o algo parecido al marmitako. Leo que los accesos a la costa se colapsan, que las retenciones en las carreteras alcanzan kilómetros, que en determinados lugares hay problemas de abastecimiento de agua potable dado el crecimiento exponencial de la población y que algunos ayuntamientos retiran las sombrillas de la playa si se observan que han sido clavadas con el único propósito de "guardar el sitio". De locos, honestamente. Aunque señal inequívoca, sermonean los economistas, los que casi nunca dan una con antelación, de que la economía, los grandes números, las grandes cifras, van viento en popa, a pesar de que llevemos varios meses sin gobierno ni timonel que nos dirija. El estado aparente de las cosas es de una euforia generalizada que no estoy muy seguro que tenga una base realmente seria. Parece que nos quedan por delante unos años -que quizá alcancen los siete bíblicos- de opulencia ojanesca, como ya vivimos en un pasado no muy remoto hasta que todo reventó en nuestras narices.

En este panorama idílico, sin embargo, se empeñan algunos en filtrar noticias que desmerezcan el marco. Hace pocos días se publicaba una información que nos decía que las principales ocupaciones de los jóvenes andaluces eran -son- las de camareros y peones; que en algunos municipios el paro juvenil -menores de 30 años- puede llegar a ser del 66%, como en Santiago de Calatrava; y que en las provincias de Cádiz, Jaén o Sevilla ronda el 50%. Uno no puede dejar de preguntarse con honda preocupación por el futuro de ese gran número de chavales que no trabajan, que tampoco estudian, que no se forman, que no balbucean el inglés, que la única informática que conocen es la que aplican a su móvil para wasapear imbecilidades, que no tienen más horizonte que el de emular los tatuajes del futbolista o la cantante de moda... Es, de verdad, desolador. Y todos somos responsables: padres, administraciones, medios, ellos mismos... La media europea de paro juvenil es del 22%, y en países como Alemania, donde funciona de maravilla la formación profesional, no llega al 8%. Ésa es la mayor brecha, la más profunda, la más determinante, que tenemos con respecto a aquellas naciones a las que queremos parecernos. Sobre todo porque es la que determina el futuro más inmediato de nuestros jóvenes y la más injusta socialmente: todos sabemos qué hijos están y no están condenados dentro de ese ominoso 50% de paro juvenil.

P.S.: Amazon, gigante tecnológico y precursor en tantas cosas, comienza a experimentar la jornada de 30 horas semanales, con una reducción proporcional del salario, para los que lo deseen. Una vez más nos preguntamos: en un mundo "hipertecnificado", why not?

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