Por montera

Mariló Montero

El otro cielo

EL misterio del mar es aún indescifrable para el hombre que ha sido capaz de llegar antes a la luna. Dicen que se nos hace inaccesible por la intensa oscuridad en la que viven millones de especies por identificar, cordilleras montañosas tan altas y profundas como las de Al filo de lo imposible o ciudades enteras. Aquellos monstruos que se representaban en los gráficos de la antigüedad, donde las bestias amenazaban a la humanidad, al cabo de los siglos no han salido a flote. Pero tampoco sabemos cómo es su suelo. El mar guarda esos secretos entre sus tinieblas. Y las nuestras. ¿Qué hay en el fondo del mar? ¿Por qué el mar sigue engullendo gente? ¿Están todos los nuestros ahí?

Cuenta la leyenda que hace miles de años la luna se despistó de su órbita porque la Tierra abandonó un momento su imán gravitatorio. Por ese motivo de ciencia ficción, la luna empezó a caer en picado contra las aguas del Océano Atlántico. Una oportuna convulsión del Tierra hizo que la luna rebotara sobre la superficie hasta recuperar su lugar en el espacio y encender la luz con la que brilla cada noche. Pero en el mar quedó su ADN, cuyo nombre es Luteno y que luego con la mezclas de esencias terráqueas se le bautizó con el nombre de Lumarino. "Lu", de luna y "marino" de mar. Cuenta esta leyenda que en el fondo del mar viven civilizaciones y urbes provistas de todo lo necesario para el hombre. Ellos se diferencian de nosotros en que respiran como peces. Esto les impide salir al exterior para acabar con nuestra civilización. Hablan de que son malos, que han inventado cosas para matarnos, como el sida o el ébola. Hablan de esos seres marinos como de los extraterrestres que creíamos que habitaban en Marte.

Si se ha llegado a dar fisonomía a los marcianos poco quedará para dibujar a los Lumarinos. En todo esto hay algo del prehistórico pensamiento mágico, de donde nació la religión, que se basaba en la creencia animista de dar vida a lo inexplicable. Y la posterior representación del hombre que se sentía temeroso de acontecimientos inconcebibles para él. Empezaron a ofrecer animales y rituales para tener contentos a los dioses desconocidos. El mar es un dios desconocido ante el que nos comportamos temerosos. Nos intimidan sus misterios. El mar se lo traga todo y devuelve a su antojo, como si de una caja negra de avión se tratara, algunos restos que nos permiten una lectura más incipiente que la escritura de cuña.

Si el mar sigue tragándose a gente que lo sobrevuela o lo surca, deberemos empezar a dibujar entre nuestras conciencias un pensamiento racional para compensar el mítico, lleno de vacíos e interrogantes. Para dar una explicación al destino de tantos desaparecidos que con su presencia están poblando un nuevo cielo bajo el mar y que iluminan sus tinieblas.

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