La ciudad y los días

carlos / colón

Los cielos terraza

EN la noche sudorosa de un despiadado cuatro de octubre en el que se habían alcanzado 30 pegajosos grados, el nativo sevillano volvía a su casa sorteando las mesas que abarrotaban la acera casi sin dejar espacio para los peatones, evitando chocar con los camareros y con los turistas que bloqueaban el poco sitio disponible al pararse en seco para escudriñar con avaricia menús y precios. Lo que empezó Alfredo lo ha empeorado Juan Ignacio. El centro, en todo el entorno de la Catedral, es una gigantesca terraza en la que se apelotonan las mesas o se apretujan las masas servidas por un minúsculo bar que ha decidido que la plaza o la calle son parte de su local. Y que no proteste, porque le dirán que lo tiene merecido por ser un privilegiado residente en el centro.

Logró llegar a su casa. Algo de quietud y silencio. El Ayuntamiento todavía no da licencias para que se pongan veladores en las salitas y pasillos de los nativos que viven entre el Salvador y Catedral, entre el Arenal y Santa María la Blanca o entre la Alfalfa y Santa Cruz. Subió a la azotea para recoger la ropa tendida. ¡Y se encontró con un bar de copas aéreo a pocos metros de su casa! Velas, música, rugido de conversaciones a gritos… Era un espectáculo de ciencia ficción, una pesadilla. ¡Además de las calles también están convirtiendo las azoteas en terrazas de bares! Tierra y cielo conquistados por igual por el bullicio, el ruido y las apreturas. La guerra de los mundos de H. G. Wells llevada al terreno de la hostelería. Brotan del suelo y caen del cielo las terrazas de los bares. Todo está en venta en Sevilla. Todo puede comprarse. No hay límite, ni gobierno, ni noche, ni descanso, ni silencio. La ciudad histórica es el bar del museo temático conformado por templos -Catedral, Salvador- degradados en museos.

Sobrados de razón están los vecinos de la Alfalfa, como informaba ayer el compañero Juan Parejo, al plantear su justa batalla al Ayuntamiento, "hartos de la movida que cada noche se adueña de sus calles impidiéndoles descansar y generando importantes problemas de seguridad y limpieza". Pero dudo que logren que se cumplan las leyes y se respete su derecho al descanso en una ciudad prostituida por el turismo de masas y por los niñatos -que parecen más carne de Gandía Shore que Erasmus- en la que el anterior Ayuntamiento y éste hacen más de alcahueta que de defensores de los derechos de los ciudadanos.

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