Los científicos y los políticos

En las costas de Andalucía se multiplicaron los contagios. La movilidad (¡ojo!, descontrolada) la extendía

Partimos de una base científica: los llamados científicos, al principio de la pandemia, no tenían ni idea del Covid 19. Recordemos que a principios de marzo de este año (hace apenas seis meses), cuando preparaban las manifestaciones del 8-M y el mitin de Vox en Vistalegre, la OMS decía que no existía una pandemia en el mundo. Y que cuando descubrieron que sí, pocos días después, y ya había empezado el estado de alarma en España, afirmaron que las mascarillas eran innecesarias. Ustedes pensarán que la OMS tiene poco de científica, y es verdad, son burócratas bien pagados que se enteran tarde. Pero también es cierto que los científicos aún no han conseguido una vacuna de confianza. Y lo que es peor: tampoco un tratamiento eficaz para curar a los enfermos. Hay varias opciones, que prueban según los casos.

Como pasa con los periodistas, los abogados, los ingenieros o cualquier profesión, todos los médicos no son iguales y todos los científicos tampoco. Se les supone conocimientos mínimos, pero unos saben más que otros. Tampoco todos los políticos son iguales, y suelen anteponer sus intereses partidistas, lo que también se les nota. Hemos llegado a donde estamos: a la segunda oleada de la pandemia, ante un otoño que se afronta con pesimismo, y con el pronóstico de que este año morirán en España 51.000 personas más que en 2019 y disminuirá un año la esperanza de vida.

Además de Fernando Simón, en este país hay científicos excelentes. Algunos explicaron en primavera, cuando las criaturas estaban confinadas, que el coronavirus no se propaga en el mar, ni en las piscinas bien cloradas. Esto fue mal interpretado, y se entendió como que se le podía dar vía libre al turismo de playa con frenesí, con sus extranjeros y demás, aunque fuera paseando por las orillas con mascarillas, y con vigilantes de la Junta, a los que hacían poco caso, pues no eran autoridad. Así, en las costas de Andalucía, se multiplicaron los contagios. La movilidad (¡ojo!, descontrolada) la extendía por toda España, siempre con Madrid como epicentro. Es decir, se había aprendido poco o nada.

En China y otros países asiáticos, donde Xi Jinping y otros líderes preguntan y siguen más a sus científicos, han controlado la pandemia, a diferencia de Europa. No hay segunda ola. Se debe a que los contagiadores fueron apartados, y se testó mejor, y los enfermos no se saltaron las cuarentenas, y siguen blindados los aeropuertos.

Se llega a la conclusión de que la propagación no es un problema científico, sino de malos políticos. Y que la ciencia se debe dedicar a curar la enfermedad.

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