tiempos modernos

Bernardo Díaz Nosty

El ciudadano inerme

Amás recortes, más aplausos. El palmeo de los diputados populares en el Congreso de los Diputados, jaleando al líder, en un "¡olé!" temerario a las dramáticas medidas de ajuste, ¿se corresponden con el sentir de los 10,8 millones de españoles que les votaron hace unos meses? ¿A qué especie política y patriótica pertenecen quienes, en el usufructo de la voluntad popular, aplauden una pérdida notable de soberanía nacional? Por un momento, nos sentimos transportados a los tiempos de las viejas lealtades inquebrantables, como si el aplausómetro que ideara el periodista Onésimo Anciones para medir los decibelios del entusiasmo incondicional en las Cortes orgánicas, hubiese sido recuperado.

Rajoy, en su refundación política, caído de Guindos, no ha tenido palabras destinadas a la pedagogía de la crisis, a transmitir confort psicológico y estimular la esperanza colectiva de la nación, porque pocos habrán visto la luz en las alharacas de sus parlamentarios ante la sentencia de desahucio. Aun cuando se pueda pensar que no hay más remedio que el paso de la oca, el presidente no ofreció otra alternativa y se limitó a trazar un panorama de pesimismo contable. Un palmetazo asimétrico, que inclina la factura sobre los trabajadores, incluidos los funcionarios, a los que parece se demoniza como si fueran las causantes del desastre. Poco o nada en una línea de equilibrio, porque no es de recibo la amnistía fiscal para los grandes defraudadores, y sigue inédita la exigencia de un mayor esfuerzo a los patriotas de cuna, a las aves de los paraísos y a los suizos de vocación.

Es muy necesaria la pedagogía de la crisis, como antídoto de la depresión, frente a la patología inducida del miedo, como ayuda al ciudadano inerme. La pedagogía como estrategia, como hoja de ruta para el rescate de una democracia secuestrada por los mercados, a los que políticos cómplices abrieron la puerta. ¿Eran éstos los que aplaudían...?

Cierto que hurgar en las causas de la crisis es desnudar el cadáver, agudizar las contradicciones hasta la autoinmolación. Porque detrás de las pantallas retóricas, el chivo expiatorio de Zapatero ya no es más que un espantajo anecdótico en el camino hacia el acantilado. En el tráfico escaso de las ideas, llama la atención la ausencia de actitud pedagógica también en la oposición. La mediocridad que volvemos a sentir estos días en los ejemplos de cercanía -"Andalucía marca el camino..."-, hace temer lo peor. No hay pedagogía porque los llamados a dar sentido a las cosas han perdido el sentido común que la gente esperaba de ellos. ¡Sigan aplaudiendo! ¡Sigan, sigan...!

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