La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

La cloaca de las redes

Nunca los miserables han tenido tan poderoso altavoz y han gozado de tan absoluta impunidad

Debe amparar la libertad de expresión a un rapero que ha tuiteado, a propósito del 30 aniversario del atentado de Hipercor: "El Estado no desalojó Hipercor, pese a los numerosos avisos de ETA, también para dañar la imagen de Terra Lliure en Catalunya", "Grave error de ETA sabiendo que el Estado era y es capaz de cualquier cosa por justificar su guerra sucia y dañar la imagen de revolucionarios", "Siempre hay que recordar que avisaron varias veces para que desalojaran, que solo querían daños materiales y el Estado no desalojó"? Creo que no. ¿Censura, entonces? No, Ley.

Además de insultar a las víctimas mintiendo, porque los 200 kilos de amonal, gasolina, escamas de jabón y pegamento no solo estaban calculados para causar daños materiales, sino para pegarse a la piel con efectos similares al napalm y convertir el aparcamiento en un horno a tres mil grados de temperatura, el miserable se agarra a los 35 minutos transcurridos entre los avisos y la explosión que motivaron una condena al Estado por negligencia policial, pero se calla que la resolución judicial insistió en el carácter bélico del material utilizado buscando que las víctimas -cito literalmente- "resultaran atrozmente quemadas y mutiladas, sin posibilidad alguna de escapar ante la oscuridad producida por el humo negro y los materiales incendiarios adheridos a sus cuerpos, que no podían desprenderse ni apagarse".

Es intolerable que atribuya intencionalidad asesina al Estado y le acuse de haber hecho y seguir haciendo, entonces y ahora, "cualquier cosa para justificar la guerra sucia y dañar la imagen de los revolucionarios", con lo que además de responsabilizar al Estado, exculpar a los terroristas y llamar guerra sucia a la lucha contra el terrorismo, considera que los etarras son revolucionarios. ¿No hay delito en estas afirmaciones?

Es incomprensible que la cloaca de las redes se beneficie del anonimato -recuérdese el alud de basura que los hideputa antitaurinos han volcado en ellas tras la muerte de Iván Fandiño- y no se exija a las empresas que los usuarios se identifiquen. Nunca la cobardía anónima tuvo tan poderoso altavoz. Pero tal vez serviría de poco, aunque algo frenaría, porque en este caso del rapero y otros muchos se conoce al autor y no se actúa contra él. ¿No existen leyes o no se aplican? ¿El insulto, la difamación, la apología del terrorismo y el odio están amparados por la libertad de expresión?

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