La ciudad y los días

Carlos Colón

La cloaca

AL igual que no hay nada más actual y más moderno que los clásicos, nada hay tan viejo y tan rancio como lo que en la cultura de masas se tiene por nuevo. Si quieren comprender hasta qué punto es vieja la modernidad de la telebasura, es rancio el nuevo progresismo socialista-televisivo que iguala las aidos, pagines y de la vega -abrazándose partidas de risa tras la aprobación de la ley del aborto- con Karmele Marchante cantando "Así abortaba, así, así" con la música de los payasos de la tele; si quieren hacerse una idea de hasta qué punto es una antigualla la cascarria de la prensa del corazón, es troglodítico el montaje de la Esteban y las más modernas tecnologías de la comunicación -cuando falta la educación- sólo sirven para engordar monstruosamente los más viejos y reaccionarios vicios de cotilleos de escalera o aldea, basta con que se interesen por los orígenes de la comunicación de masas en la primera mitad del siglo XIX.

Todo está allí como una semilla de estupidez colectiva que a lo largo de dos siglos no ha dejado de crecer, generosamente abonada en el último medio siglo por la caída en picado de la educación. Un pesimista editor inglés definió así la entonces naciente prensa sensacionalista: "está escrita para quienes han aprendido a leer sin que les hayan enseñado a pensar". Así seguimos. Y además empeorando conforme el crecimiento del nivel de vida y el acceso a los medios es inversamente proporcional al educativo.

Como ejemplo les regalo la feroz caricatura de la prensa de Nueva York que hizo Dickens en 1843. Una legión de niños sucios y desarrapados vocean los periódicos: "¡La Cloaca de Nueva York! ¡El Espía Familiar! ¡El Reporter de los Ojos de las Cerraduras de Nueva York! ¡La Revista Escandalosa! ¡Toda la prensa de Nueva York! ¡Con las noticias del interesante duelo de Arkansas con cuchillos de monte y el último crimen de Alabama!... ¡Crónica del baile de anoche en casa de la señora White, al que asistió toda la belleza y la elegancia de Nueva York, y noticias de la redacción sobre la vida privada de los asistentes! ¡El descubrimiento de la banda de Washington, con el relato, exclusivo de La Cloaca, del escandaloso acto de deshonestidad cometido por el secretario de Estado cuando tenía ocho años, confesado ahora, a cambio de muchos dólares, por su nodriza! ¡Artículo de La Cloaca contra el juez que la procesó por difamación, agradecimiento al jurado que la absolvió y relato de lo que les hubiera pasado si no lo hubieran hecho! ¡La Cloaca vigilante siempre alerta: doce mil ejemplares y sin parar de aumentar!". ¿Les suena?

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