la noria

Carlos Mármol

La coartada conveniente

EXISTEN paradojas terribles. Por ejemplo: que quien quiso pasar a la historia por ser el gran artífice de la ciudad razonable que Sevilla siempre ha aspirado (sin éxito) a ser vaya a convertirse, una vez esfumado el poder, atributo temporal que muchos consideran divino, en su principal enterrador. Hablo del excelentísimo ex alcalde, que se ha ido de la Alcaldía -es la versión oficial; y ya se sabe que todas las versiones oficiales suelen ser ciertas- dejando la hucha del Plan General sin un duro y poniendo en bandeja a su sucesor los argumentos necesarios para hacer (con su mayoría de 20 ediles) lo que ha venido a hacer. En pocas palabras: alterar el libro urbano de Sevilla -con el empleo como coartada- para que el lápiz urbanístico, en el que algunos siguen confiando como único sistema para hacer negocios, vuelva a ser conducido por una mano resolutiva que transforme, sin reparos ni lirismos, el modelo urbano elegido por la mayoría -al menos, así fue- en un magma voluble y tan flexible que ya no se pueda diferenciar entre el criterio (general) y el interés (particular). Algunos empiezan a ponerse en cola: significativamente el primero ha sido el presidente del Sevilla FC, José María del Nido, procesado por el caso minutas, quien ha abierto públicamente la veda, aunque su único mérito es verbalizar lo que otros -todavía- callan. Zoido se mantiene cauto. De momento. No cabe engañarse: la cuestión clave de la nueva etapa municipal -como siempre- será la política urbanística, en la que radica el verdadero poder. Todo lo demás es protocolo. No es raro que algunos, al descubrir la herencia recibida, más que escandalizarse por excesos pretéritos, se pregunten los motivos íntimos por los que quien tuvo todo en su mano para invertir de forma perdurable la tendencia histórica del urbanismo sevillano haya terminado dejando el campo abierto, de nuevo, a aquellos que no profesan más fe que la del viejo círculo que nos ha llevado al desastre.

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