La ventana

Luis Carlos Peris

De aquellas colas de antaño

VA, año tras año, menguando el poder de convocatoria que en este día de hoy tenía lo de ir al cementerio a rezarle a los difuntos. Mengua el poder de convocatoria y, por ende, se acortan aquellas colas de antaño que casi ocupaban toda la rotonda ante la puerta principal del camposanto. Es una tradición más que va perdiendo fuerza a la vez que proliferan las plazas libres, fosas y nichos sin ocupar, vacíos en estampa sobrecogedora que te encoge los adentros. Lo de honrar a los muertos en este día de Todos los Santos queda ya más en la intimidad que en la cola ante el cementerio y las razones van de la ola de laicismo que nos invade a la enorme cantidad de cadáveres que se incineran, se depositan en una vasija y adiós. Hay quienes conservan el tarro en un lugar del salón de casa y los que aventan las cenizas en el sitio que más se corresponde con los gustos del finado. Por tanto, de aquellas colas no queda mucho.

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