la esquina

José Aguilar

La comisión de IU

LA comisión parlamentaria de investigación del escándalo de los ERE echará a andar con una perspectiva inédita: su suerte depende enteramente de la voluntad de Izquierda Unida, el grupo con menos diputados del Parlamento andaluz.

No sólo se ha creado porque IU ha querido que se cree, en coherencia con su reivindicación de la anterior legislatura que el PSOE estuvo vetando continuamente gracias a su mayoría absoluta. Ahora los socialistas han tenido que aceptarla. También la coalición ha logrado hacerse con la presidencia de la comisión, ha fijado la duración de los trabajos y ha impuesto las comparecencias de Griñán y Chaves, entre otros exgobernantes y gobernantes de la Junta.

Hay más. Según funcionan en España las comisiones parlamentarias, Izquierda Unida decidirá igualmente a qué conclusiones llegarán los comisionados después de los tres meses previstos de comparecencias, análisis de documentos, informes y debates. Al contrario que en otros países, a los diputados de la comisión ni se les pasará por la cabeza disentir de las posiciones oficiales de sus respectivos partidos. Los tres partidos intentarán convertir en conclusiones sus pre-juicios, y todos ellos ya disponen de juicios previos sobre el caso de los expedientes de regulación de empleo fraudulentos.

Así las cosas, en manos de la coalición izquierdista estará hacer que la comisión concluya estableciendo las responsabilidades políticas de los altos cargos socialistas en la organización y funcionamiento de la trama corrupta o limitando la culpabilidad al ex director general conocido y devenido en apestado del socialismo. Lo primero es lo que ya tiene decidido el PP, lo segundo es lo que propondrá el PSOE. El voto ponderado de Izquierda Unida inclinará la balanza hacia uno u otro lado.

A aquel de los dos grupos mayoritarios que no consiga el respaldo de IU en el seno de la comisión solamente le quedará el recurso al pataleo (formular votos particulares a las conclusiones oficiales e insistir en sus argumentos, sospechas y obsesiones por tierra, mar y aire, tratando de ganar la batalla de la opinión pública). Pero, repito, las conclusiones serán las que diga la coalición, que a partir de ahora se debatirá entre el apego a la verdad esclarecedora que tan intensamente ha defendido desde que estalló el caso ERE y la lealtad a unos socios con los que gobierna y que serían los grandes perjudicados por la investigación de lo que hicieron cuando no eran sus socios, sino sus adversarios.

Realmente IU es el partido de las encrucijadas. Se enfrenta a una encrucijada con los ERE, a otra encrucijada con los recortes y a la encrucijada general de estar gobernando una autonomía a partir de una cultura que ha sido siempre de oposición. Son auténticas papeletas para una formación política menos férrea de lo que parece.

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