Desde mi córner

Luis Carlos Peris

La competición favorita, objetivo casi único

PELLEGRINI, ese ingeniero metido a la más rentable profesión de entrenador de élite, fue rotundo al sentenciar que esperaba más del Sevilla. Creo que todos esperábamos más de este Sevilla tan costeado y con tantos resortes que tocar en su colisión con el líder de la Premier. Por cierto que no se recuerda de susodicho líder, Manchester City, una actuación en el continente como la de antier noche en el campo del Sevilla.

Es más, el turno de ida dejó tantos motivos para la esperanza que lo ocurrido antier noche ha dejado una sensación de frustración inesperada. Está teniendo demasiados dientes de sierra la trayectoria sevillista en este ejercicio y eso juega contra el entrenador y su crédito. Un entrenador, el muy estudioso Unai Emery, que incluso se cuestionaba en los grandes logros y que ve hoy cómo el fútbol se queda sin memoria en cuanto las cosas no salen a gusto del consumidor.

Cuando ya ha pasado el tiempo suficiente para que el análisis no esté contaminado por las calenturas que produce un mal resultado hay que convenir que lo mejor de la noche fue el resultado. Y es que pudo ser un escándalo si se hubiese trasladado al electrónico el enorme desnivel que separó a ambos equipos. Por cierto, si en la alineación está Llorente a qué viene en ella Iborra para una sobredosis de gigantes que sólo sirve para desvirtuar sensiblemente el ADN del Sevilla.

Ahora, sólo una sucesión de milagros mantendría al Sevilla en Champions, por lo que la atención ha de supeditarse a agarrar como sea esa tercera plaza que le llevaría a su competición favorita. Si en un principio se calificó su grupo como el de la muerte, en la noche de los primeros tres penaltis se abrió ese melón de la esperanza que ahora vuelve a cerrarse. Ganar en Alemania dentro de tres semanas es de obligado cumplimiento, pero tendrá el Sevilla que mejorar mucho.

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