La tribuna económica

Joaquín Aurioles

La conciencia autonómica

POR primera vez desde la transición la opinión de los españoles podría estar, según Financial Times, en contra de profundizar en la autonomía. Algo de esto se deducía de la escasa participación en los referéndums de ratificación de los estatutos reformados. Incluso en los territorios con mayor presencia nacionalista se percibe una cierta desconfianza en torno a la voracidad fiscal de sus administraciones autonómicas, a la complejidad burocrática e institucional que se ha instalado en el país, especialmente para las empresas que operan en diferentes territorios, y, en torno a la lealtad institucional en cuestiones de interés general, como el nuevo acuerdo de financiación autonómica.

La trascendencia del tema es indiscutible, sobre todo porque se trata de la pieza del modelo de Estado de las Autonomías que todavía está pendiente de definir de manera precisa y estable. No nos encontrábamos, sin embargo, en la situación más propicia para incrementar la presión sobre las ya debilitadas arcas del Estado, como en su momento repitiera con insistencia el entonces Vicepresidente Económico del Gobierno. El proceso de negociación comenzó marcado por sus declaraciones sobre el alarmante estado de salud de algunas cajas de ahorro y sobre la limitada capacidad de gasto y endeudamiento del estado, lo que aconsejaba buscar una solución provisional y consistente con la situación económica en que se encontraba el país. Pero fijar límites de prudencia financiera a una negociación de contenido fundamentalmente político era ir demasiado lejos, por lo que no tardó en ser sustituido por Elena Salgado y Manuel Chaves, que no sólo consiguieron encontrar inmediatamente los 9.000 millones de euros que Solbes no veía por ninguna parte, sino que consiguieron llegar hasta los 11.000. En realidad, se trataba de cumplir dos objetivos. Por un lado, atender los 3.855 millones adicionales exigidos por los catalanes para estampar su firma y, por otro, conseguir que todas las autonomías aumenten sus recursos con respecto al modelo anterior. Arrimar dinero público donde aparece un problema con el fin de evitar medidas impopulares, que es, según The Economist, el rasgo más característico de la forma de actuar de este Gobierno. El problema es que Bruselas exige afrontar la corrección de un déficit fiscal que podría llegar a superar el 12% del PIB este mismo año, y que finalmente obligará a una medida tan impopular como la subida de impuestos. Es lógico que la gente se resista y que las conciencias autonómicas se vean salpicadas, sobre todo cuando aparecen noticias como la intención de los belgas de convertir, dado lo costoso de su organización, su gran premio de Fórmula 1 en bianual.

En España se celebran dos grandes premios de coches y tres de motos, creo que más que ningún otro país en el mundo, que no solamente resisten impasibles a las tensiones financieras del momento, sino que cuando aparecen problemas, como en la empresa privada organizadora del evento en Valencia, surge el gobierno autonómico de turno abonando los 90 millones de euros que garantiza su celebración durante los próximos cinco años.

Tags

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios