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Desde mi córner

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

Desde el confinamiento, aquel arbitraje de Lamo

Viendo la otra tarde el Brasil-URSS del M'82 recordé la actuación de un árbitro madrileño

Continuamos en el recuerdo de tiempos pasados, ya que el presente es como es, madre no hay más que una y a ti te encontré en la calle. Tiempos aquellos en los que había fútbol en vez de confinamiento, pandemia y la madre que la parió, o sea... Este presente que padecemos sólo versa en utopías sobre cómo acabará todo esto y en qué medidas han de tomarse para que la tragedia que vivimos no se convierta en una catástrofe.

En una catástrofe irremediable quiero decir, pues ignorar que ya tiene carácter de catástrofe lo que vivimos sería de ilusos. Y ahí andamos, que a falta de fútbol vivo nos vamos a ese fútbol pretérito que nos va sirviendo la tele como antidepresivo. Y de esta manera me encuentro con partidos de otro tiempo que, descaradamente, fue mejor, muchísimo mejor. Y me topo con encuentros como aquel Brasil-URSS que abrió para nosotros en Nervión el Mundial que organizamos.

Aquella Brasil fue de las mejores de la historia y que no campeonó porque la ambición le traicionó en Sarriá ante Italia. Hasta esa cita fatal con Paolo Rossi y la compaña, la canarinha fue un espectáculo itinerante por Nervión, Heliópolis y Sarriá, pero en ese arranque con los soviéticos salió adelante por la trascendental ayuda que recibió de parte arbitral. La actuación del madrileño Lamo Castillo fue tan decisiva que propició la indignación del universo fútbol.

Los brasileños llegaron a ese Mundial proclamando la nacionalidad brasileña de Dios, por lo que no tuve el menor reparo de titular mi crónica en Diario 16 de la siguiente forma: Si Dios es brasileño, Lamo también. Pocas veces presencié una labor más parcial y sectaria que la del engominado árbitro madrileño. La otra tarde, viendo ese partido por la tele no pude más que reafirmarme en mi titular de aquel día de junio del 82. Y desde el confinamiento, salud y pronta libertad.

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