LA TRIBUNA ECONÓMICA

Rogelio / Velasco

Unas consecuencias inesperadas de la crisis

Apesar de estar consagrada en los estatutos fundacionales de la UE, la libertad de movimientos de capitales ha estado coartada por los intereses de los Estados en mantener el control de las grandes empresas públicas. Esos intereses han variado desde la negativa de los sindicatos a que esas empresas se convirtieran en privadas, hasta los de los gobiernos que han utilizado sus participaciones para evitar que empresas en sectores considerados estratégicos cayeran en manos de multinacionales extranjeras.

La grave situación de algunos países de la UE va a abocar a algunos de ellos a vender las participaciones estatales en esas empresas.

El Estado griego cuenta con importantes paquetes accionariales en los sectores de telecomunicaciones, líneas aéreas, puertos, electricidad, bancos, etc. Las ayudas internacionales otorgadas obligan al Estado a desprenderse de ellas. 50.000 millones de euros fue la primera estimación de lo que obtendría, que después se ha rebajado hasta 35.000. El reducido tamaño del mercado griego, las dificultades culturales y la escasa internacionalización de esas empresas hacen poco atractiva la compra por parte de multinacionales, de ahí el descuento aplicado sobre el precio.

El caso de Portugal es diferente porque algunas empresas se han introducido agresivamente en el mercado brasileño, que está creciendo como la espuma. Recuérdese la batalla que Telefónica mantuvo el pasado año con el Estado portugués para la compra de la participación en Vivo, la operadora móvil brasileña. Ésta generaba el 75% de los ingresos de Portugal Telecom. Ahora, aunque con participación en otra compañía, el mercado brasileño sigue teniendo un considerable peso sobre la matriz portuguesa. Existen otros ejemplos en gas y petróleo, electricidad, banca y seguros. Auguramos un éxito, desde el punto de vista estrictamente financiero, en la venta de participaciones estatales. Los compradores van a realizar una carambola: la compra de la matriz portuguesa va a permitir introducirse en el exuberante mercado brasileño, en donde se están pagando valoraciones infladas. En el caso griego, sin embargo, se intuyen dificultades en la colocación de algunas empresas, a no ser que se apliquen fuertes descuentos.

En España ha sido el Estado, sin ser forzado por nadie y sólo para levantar recursos del sector privado, el que ha puesto en venta una parte de Loterías del Estado. No hay mucho más que vender.

Aunque esta consecuencia de la crisis sea bienvenida, es una forma engañosa de incrementar la libertad de movimientos de capitales dentro de la UE. Francia, sobre todo, sigue ejerciendo un estricto control accionarial sobre grandes empresas. A pesar de que la gestión de las compañías es estrictamente privada -ya no tienen desde hace años estatus de funcionarios los empleados de EDF, France Telcom, etc- impide ninguna compra sobre sus compañías, pero se sienten con el derecho de hacerlo con sus competidoras extranjeras. Algún día, este estatus habrá que cambiarlo y no tendremos que esperar a una crisis para que El Corte Inglés pueda comprar galerías Lafayette y veamos al Banco Santander en todas las grandes ciudades de nuestro vecino del norte.

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