Alto y claro

José Antonio Carrizosa

Ni contigo ni sin ti

EL barómetro de opinión que comenzamos hoy a publicar en nuestras páginas de Andalucía constata que la brecha entre el PP y el PSOE sigue abierta y que la crisis y la falta de luces en el horizonte pasan factura a los encargados de administrar tan complicada situación. Es una realidad sociológica instalada plenamente en el sentir colectivo y que se irá acentuando a medida que las cosas no experimenten una mejora sustancial, horizonte al que se aferra con esperanza de náufrago el socialismo renqueante, pero que, hoy por hoy, es más una quimera que una posibilidad más o menos cercana.

Pero, al margen de esta constatación, el sondeo elaborado por el Grupo Joly incide en otra circunstancia que se detecta desde hace tiempo y que no tiene visos de modificarse: el desgaste evidente del PSOE lo hunde en la estimación de los ciudadanos, pero la alternativa del PP despierta muy escasas ilusiones y sólo es capaz de entusiasmar a los muy convencidos. Si hablara con una única voz, el barómetro diría que no le gustan ni los que están ni los que pueden llegar, ni quienes lideran a los unos ni a los otros. Como en la copla, ni contigo ni sin ti tienen mis males remedios.

Sin embargo, el viejo aforismo político, tantas veces repetido por Rajoy, de que las elecciones no las gana quien está en la oposición, sino que las pierde el que tiene el poder, permite al PP aspirar con fuerza a darle un vuelco a la situación, dentro de unos meses en las municipales y en un año y medio en las andaluzas y generales. ¿Por qué esa falta de entusiasmo por la única alternativa posible? Las razones pueden ser muchas. Desde el recelo histórico que despierta la derecha en capas amplias de la población, fenómeno amplificado en Andalucía por tres décadas de insignificancia política, hasta los perfiles de sus líderes nacionales o regionales. Pero seguro que también influye que el ciudadano no tenga percepción clara de cuál es la receta de la derecha para poner las cosas a funcionar y por dónde, si llega al Gobierno, empezará a meterle mano a la economía para dejar atrás lo antes posible la catástrofe que padecemos. La técnica de estarse quieto mientras los otros se cuecen solos en su fracaso puede servir durante un tiempo. Pero a la hora de la verdad hay que poner las cartas sobre la mesa.

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