Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Hasta la coronilla de errores humanos

DURO con las espigas y blando con las espuelas, justo al contrario de cómo definía Federico a Ignacio en la mayor elegía de la Literatura universal. Así se comporta el arbitraje español en general y bien que se mostró en la última jornada del año. Primero en el Bernabéu y luego en el Camp Nou, lugares emblemáticos para la celada al más débil y donde los jueces prevarican de forma escandalosa y ciertamente sonrojante.

Si fue incalificable el tratamiento del leonés González González a la Real Sociedad en esa especie de Huerto del Francés que es el coliseo de la Castellana, los calificativos se agotan para definir qué fue lo que hizo Vicandi, o Bikandi, en ese otro punto ideal para el atraco que es el suntuoso recinto de la Riera Blanca. Y la pregunta que todos nos hacemos es la de qué necesidad tienen los dos grandes de alfombra roja alguna para conseguir todo el botín en juego.

Siempre consideré la enorme dificultad que conlleva arbitrar un partido de fútbol. Hay que dictar sentencia inmediata en décimas de segundo y eso complica sobremanera la labor de un ciudadano con las pulsaciones por las nubes a causa del esfuerzo físico. Comprendo la dificultad, pero me resulta nada digerible ver cómo un partido sí y otro también, los errores siempre victimizan a los mismos, con lo que la imparcialidad queda en entredicho, muy en entredicho.

Lo ocurrido el miércoles en Madrid primero y en Barcelona después no me da la gana achacarlo al error humano porque llueve sobre mojado, porque no es la primera vez ni creo que vaya a ser la última que de dichos recintos se salga convencido de haber sido esquilmado. Quien pierde es la Liga y su prestigio, por lo que bien haría Tebas en coger este toro por los cuernos y que cuando el eterno Sánchez Arminio le hable de error humano lo mande a hacer puñetas.

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