Un día en la vida

manuel Barea /

Lo nuestro, lo correcto

ESTA proliferación -y va en aumento- de clérigos laicos de las buenas costumbres y comisarios de la corrección política, ¿a qué se debe, a la alimentación? A ver si resulta que la muy nuestra dieta mediterránea no es tan saludable como predican hasta empachar sus publicistas y mercaderes.

De estos vigías de Occidente, cancerberos de las esencias de la vieja Europa y la rancia Castilla, nos ha vuelto a llegar como cada año -otra tradición más- su embestida contra esa fiesta de origen extranjero conocida como Halloween. El primer envión no deja de ser liviano: que si es una mamarrachada, una horterada, una catetada de los yanquis, tan paletos... Vale. Muchos tipos dan grima y bastantes vergüenza ajena. ¿Pero que hay de glamour en las muy enraizadas fiestas primaverales, religiosas o paganas, de estos lares? Por más que observo, no lo detecto: veo a niñas de dos años disfrazadas de señora con mantilla y un arenal masificado de gente cocida con ese repugnante brebaje denominado rebujito que anda a años luz de un néctar de dioses.

El tremendismo, pasado el shock de los disfraces, viene a continuación: que sepa toda esa jarca de niños, adolescentes y puretas españoles que sucumben a la llamada de Halloween que van de cráneo. No future, que cantaban los Sex Pistols, malditos nihilistas. Deberían haber tenido en cuenta el "Perded toda esperanza" de Dante. Han llamado a la puerta del averno. Y van a entrar, eso auguran. Lo peor va para los niños: alguno de ellos saldrá en los teletipos del futuro cuando, después de haber sido detenido por cometer una fechoría, uno de esos periodistas que se cree avispado lo describa marcado como alguien que pasó su infancia abusando de las fiestas de Halloween.

Maldita colonización cultural. En vez de ir a los toros y bailar jotas ataviados de baturros estos jóvenes descerebrados sin raíces prefieren recorrer las calles disfrazados de caninas, zombies, brujas y vampiros a la última adorando a Belcebú y echando a perder con sus vomitonas y meadas los parques y jardines que el resto del año resplandecen de tanta limpieza. Y mira que nos avisaron: el apocalipsis va a llegar, Campillo. Ya esta aquí.

Si un partido hubiese incluido la prohibición de Halloween en su programa y hubiese defendido lo nuestro, lo correcto, nos habríamos ahorrado todo este tiempo de ignominia y desazón. Los auténticos españoles lo habrían votado en masa y habríamos tenido Gobierno hace tiempo. Y orden, sobre todo orden. Glup.

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