con efecto

Javier / Mérida

Las criaturitas

NUNCA creí en los proyectos sino en las personas, porque soy de los que piensa que detrás de un buen proyecto suele esconderse un mediocre que luego no sabe llevarlo a cabo o, una vez que lo hacen él o el embaucado, el resultado ha perdido todo el satén que enmascaraba ese inmaculado archivo de gusanillo, hoy sustituido por la más sofisticada tecnología, capaz de afear la Giralda y embellecer el guano.

En el Betis de hoy se estila en demasía el proyecto. Y se fían de procesos de selección realizados por consultoras externas. Pero se cree poco en el Betis, en el sentimiento bético, entre otras cosas porque la mayoría de los que lo habitan son béticos de anteayer. No lo han mamado. Les falta historia, bagaje... Pedigrí verdiblanco, en definitiva.

Se echa de menos, y ya hace dos años que salió por la puerta quien denominaba criaturitas a sus aficionados, una persona que tenga el Betis en la cabeza. Que trabaje por y para el Betis y que sepa de verdad qué piensa el bético. Ese empleado a la antigua, capaz y lejos del funcionariado que se va atrincherando en la empresa moderna.

Viene esto a cuento por las esporádicas meteduras de pata del club y, coyunturalmente, por los fallos detectados en la campaña de abonos, que ahora se pretenden remediar quizá sin solución.

Porque no es de recibo andar un día sí y otro también alabando la humildad del bético, su fidelidad e incluso su abnegación pese a la crisis y, entre otras medidas, suprimir el carné semestral. Porque ese bético de a pie que compró acciones sin tener dinero para ayudar a su Betis, cuando alguno de los que hoy lo gobiernan no sabía ni dónde quedaba Heliópolis, ahora está en paro o sin una nómina para financiar su abono. Y aunque ya no lo llamen criaturita, lo han tratado como tal.

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