Crónica Personal

Qué se cuece en los mentideros de Madrid

La Corona y el modelo de Estado están en tenguerengue por culpa del Gobierno de Sánchez e Iglesias, aunque en el PSOE muchos discrepan totalmente de su líder

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Qué se cuece en los mentideros de Madrid

Algo grave está sucediendo en España cuando no hay día en el que no se produzca algún nuevo choque de trenes políticos y, sin embargo, nada ni nadie parece hacer sombra a un Gobierno que probablemente completará la legislatura a pesar de que sólo sus miembros –y no todos– están conformes con las decisiones de su presidente y de su vicepresidente segundo, aunque han demostrado su incapacidad para afrontar los problemas más serios de los españoles.

Los constantes choques de trenes pueden tener consecuencias letales. De hecho, ya las están teniendo: cifras insoportables en materia sanitaria, laboral y económica, asalto a las instituciones del Estado y desmoronamiento de la credibilidad de figuras políticas que, por el cargo que ocupan, merecerían, por lo menos, el respeto ciudadano. Si lo han perdido es por ineficacia con la que ejercen sus responsabilidades tanto el poder como la oposición.

El primer gran choque se vive en el Ejecutivo, aunque a Pablo Iglesias hay que reconocerle que es él quien parece llevarse el gato al agua. Está ganando una batalla que es probablemente la más importante que se dirime hoy en España, la forma de Estado, con apenas dos o tres ministros que han dado la cara para defender la figura del Rey. Uno, el titular de Justicia, ha dicho que daría la última gota de su sangre para defender la Monarquía, pero justificaba lo injustificable, que el Gobierno vetara la presencia del Rey en un relevante acto judicial en Barcelona, diciendo que la ausencia de Felipe VI era por razones de “convivencia”. Antes, el Ejecutivo había explicado la ausencia poniendo como excusa la seguridad del Rey, lo que provocó que un alto cargo policial declarara indignado que las fuerzas de seguridad garantizaban su seguridad en cualquier lugar.

Una vez más el Gobierno se contradecía o mentía sobre las razones del veto al Rey. No hubo choque de trenes en el Ejecutivo porque a los ministros descontentos con Podemos les falta coraje para expresar su disconformidad con decisiones polémicas del presidente en los últimos tiempos, pero el descontento existe, y varios miembros del Ejecutivo lo demuestran en sus comparecencias: se adivina la inquietud en sus rostros y en su tono de voz. Excepto en Sánchez, cómodo en esa situación y que ni siquiera ha sido capaz de dar la cara por el Jefe del Estado en la sesión de control tras una bochornosa intervención de su vicepresidente segundo en la que reiteraba su reivindicación de la república y el independentista Rufián ligaba la Monarquía con el franquismo, mostrando una fotografía del dictador al lado del entonces Príncipe Juan Carlos.

Los monárquicos

El Rey, en el Foro La Toja, midió sus palabras ante un auditorio con personalidades españolas y extranjeras de renombre, sin mención al debate político y poniendo el acento en las relaciones con Latinoamérica. Ofreció un mensaje esperanzador de futuro al decir que España cuenta con los mecanismos necesarios para hacer frente a cualquier situación.

En ese foro, tanto los ex presidentes Felipe González y Mariano Rajoy expresaron su apoyo al Rey, al igual que el gallego Núñez Feijóo, y también una figura que causa gran respeto en el escenario europeo, el presidente de Portugal, Rebelo de Sousa.

Sánchez debería andarse con más tiento en las cuestiones relacionadas con la Monarquía. Ha tensado mucho la cuerda con iniciativas procedentes del mundo de Podemos –acercamiento a Bildu y a los independentistas catalanes, cambios sobre el delito de sedición o sobre indultos– y si a ello se añade asumir las posiciones antimonárquicas que propugna Podemos puede saltar la chispa socialista que hasta ahora no había saltado.Es evidente que las nuevas generaciones no tienen un sentimiento de respeto a la Monarquía, porque la mayoría de los jóvenes no conocen cuál ha sido el papel de la Corona en la eliminación de la dictadura y la reconducción a la democracia. Pero los socialistas con un papel destacado en la historia reciente, aglutinados sobre todo en torno a Felipe González, sí podrían propiciar algún movimiento, aunque hasta ahora no lo han hecho.

Son significativas las palabras de González diciendo que cambiar la Monarquía por “la republiqueta que pregona Podemos” supondría la destrucción de España y que “con lo que me quedan de fuerzas y con la edad que tengo” combatirá cualquier iniciativa en contra de la Corona.

Difícil relevo de Sánchez

González ya no es un referente en el PSOE, pero puede volver a serlo. El descontento que podría desalojar a Sánchez del poder llegaría si no se enderezan las cifras económicas y laborales, y aunque en septiembre los datos del empleo han sido buenos, no hay analista que no haya advertido sobre el envés de esas cifras.

El ex presidente fue la primera persona en enarbolar la defensa del Rey emérito, aunque con el paso del tiempo son cada vez más las figuras que se cuestionan la forma en que ha sido obligado a irse de España. Llegan además noticias de Abu Dhabi que desmienten el lujoso tren de vida que esgrimen quienes tratan de descalificarlo: pasa la mañana y tarde en rehabilitación, ejercicios más piscina, almorzando en la propia clínica y por la noche se entretiene con alguna película. Muy solo, sin visitas, las llamadas de familiares y amigos al caer la tarde lo mantienen en contacto permanente con España, a donde le gustaría regresar cuanto antes. El presidente luso, por cierto, cuando don Juan Carlos analizaba las diferentes posibilidades de salida que se le presentaban cuando fue empujado a abandonar La Zarzuela, le ofreció las medidas de seguridad que necesitaba si se instalaba en Portugal.

Como se temía don Juan Carlos, su salida no detuvo los movimientos del Gobierno para intentar poner punto final a la Monarquía, y hoy su hijo está en el punto de mira de Iglesias sin que Sánchez parezca muy interesado en impedirlo. Hasta ahora la única manera de pensar en la posibilidad de que Sánchez dejara la Moncloa era que él mismo se viera obligado a tirar la toalla. No por el descontento generalizado por renunciar a algunos de los puntos de referencia de la familia socialista: la defensa de la unidad de España, la defensa de la Constitución, políticas sociales justas y dejar que actuara la Justicia siguiendo lo que marcan las leyes. Lo que puede provocar un descontento tal que Sánchez sea incapaz de afrontarlo sería que la calle se llenara de personas que jamás conocieron la precariedad y que ahora no tienen para comer. Suena muy trágico, pero ese escenario no es imposible a medio plazo.

Y en esa situación, podría surgir algún socialista dispuesto a presentar una iniciativa parlamentaria que cuente con el respaldo de diputados que hoy son sanchistas y que en unos meses podrían apoyar a un candidato con sentido de Estado, capacidad de gestión y respaldo de otras fuerzas dispuestas a defender a los españoles de forma distinta a como lo hace este Gobierno. De esto se habla en los círculos políticos y económicos de Madrid.

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