Hoja de ruta

Ignacio Martínez

La culpa no es del cha cha chá

SI a un equipo de fútbol le meten seis goles en un partido, todo el mundo pensará que el portero tuvo un mal día. Pero a lo mejor la mala es la defensa o el centro del campo. O el problema está en los delanteros, que no presionan para entorpecer el inicio de la jugada del contrario. En todo caso, no necesariamente son culpa del portero las derrotas. Pero el guardameta llama más la atención y sus defectos son más evidentes que los de los demás. A los jefes de prensa de los políticos les pasa lo mismo. A Zapatero le duran un par de años. Es su media estadística. En seis años, tuvo primero a Barroso, hoy marido de Carme Chacón; a Moraleda después, y acaba de licenciar a Nieves Goicoechea, para contratar como secretario de Estado de Comunicación a un peso pesado de la profesión, Félix Monteira.

Dicen que el presidente quiere evitar los malos entendidos, los dobles mensajes y otros fallos en la política informativa del Gobierno. Yo contesto que el portero no es siempre culpable de los goles. El problema del Gobierno no es de comunicación, sino de criterio. No se sabe si quiere o no rebajar el sueldo de los funcionarios, si está a favor o en contra de prolongar el periodo de cotización para cobrar la pensión... Y duda siempre sobre si debe o no dar disgustos a los ciudadanos españoles, con la vista puesta en las municipales de 2011. Y eso no hay genio de la comunicación que lo arregle. Monteira, tampoco.

A Manuel Pérez Yruela, un prestigioso sociólogo que puede batir la media de Zapatero, le ha pasado tres cuartos de lo mismo en el año escaso que lleva con Griñán, como portavoz de la Junta. Resulta que este Gobierno andaluz tiene menos fuelle político que el último de Chaves y todo el mundo mira a Yruela con cara de reproche. La pregunta es qué hay que comunicar. ¿Sabemos cuál es el proyecto del PSOE para Andalucía? Y, ya que estamos, ¿sabemos cuál es el proyecto del PP para esta región? La idea más clara es que los socialistas quieren conservar el poder y los populares conseguirlo. Pero, más allá de esta cuestión, se desconoce un proyecto de desarrollo para esta sociedad y este territorio por parte de unos u otros. Y son los únicos con representación para hacerlo.

La cuestión, por tanto, no es lo fino o magistral que resulte el estratega de comunicación. Por lo demás, siempre he pensado que los buenos periodistas no suelen ser buenos jefes de prensa de los políticos. Porque tienen dos defectos de fábrica que los inhabilitan: se quieren enterar de las cosas y después pretenderán contarlas. Está en su naturaleza. Y en política hay veces que al director de comunicación no se le deja saberlo todo y con demasiada frecuencia no le conviene a su jefe que cuente lo que sabe.

Lo que faltan son líderes y proyectos solventes, no recetas de propaganda. La culpa no es ni de la comunicación, ni del cha cha chá.

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