La esquina

josé / aguilar

¡Cómo cunden cuatro golfos!

NO anduvo muy afortunado Manuel Chaves el día que dijo que el caso de los ERE era cuestión de "cuatro golfos" que se habían aprovechado de los fondos públicos para enriquecerse o colocarse. Los imputados van ya por los ciento veinte -treinta veces más que los cuatro diagnosticados- y su estatus es tan variopinto (políticos, sindicalistas, aseguradores, mediadores, abogados, comisionistas...) que hace falta estar ciego, o hacérselo uno, para no ver que ahí había una trama organizada.

De manera que de cuatro golfos, nada, a no ser que de los cuatro originales hayan surgido todos los demás, como por partenogénesis. Ayer la Guardia Civil amplió el censo de presuntos golfos de ERE desplegando la operación Heracles (segunda fase) con numerosos registros en varias provincias, cincuenta imputados y nueve detenidos, entre ellos el secretario general de UGT en Cádiz, el ex gerente del IFA -que pagaba las regulaciones de empleo antes que la agencia IDEA-, un ex dirigente de CCOO y el vicepresidente de la patronal hotelera de Málaga.

Del frondoso bosque del escándalo de los ERE, que presenta ya tantas ramas que es fácil perderse, la operación de ayer parece abarcar dos modalidades de actuación venal: las comisiones cobradas por los sindicatos por su intervención en los expedientes de regulación de empleo fraudulentos -y, eventualmente, por los sindicalistas como individuos que también tienen familias y necesidades- y las ayudas a empresarios de la comarca de la Sierra Norte de Sevilla, que pastoreaba el entonces secretario general del PSOE de Sevilla, José Antonio Viera, hoy senador, cuya imputación todavía no se ha producido por eso mismo, por ser senador y escapar de la jurisdicción de la juez Mercedes Alaya. El ex gerente del IFA fue destituido como director de área de la Diputación sevillana al rato de su detención, en aplicación directa de la doctrina Susana (Díaz, presidenta de la Junta, que se declaró implacable con la corrupción y se siente obligada a ubicar lo más lejos posible de sí misma todo lo que huela a ERE).

No se puede decir que la instructora Alaya haya hecho coincidir esta vez sus actuaciones estelares con momentos significados de la política andaluza. Lo único que tapó ayer la operación Heracles fue la declaración ante la juez de la ex ministra Magdalena Álvarez. Fue como la seda: se auguraba un choque de trenes por sus fuertes temperamentos. Pronóstico fallido.

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