Sin pies de plomo

Samuel Silva

Con el debido respeto, Pepe

ÉSTA es la columna que uno jamás quiere escribir, pero el fútbol sevillano se ha puesto de luto esta semana, tras una vida entera dedicada a enseñar a los más jóvenes y no sólo de fútbol. Los que te conocimos, crecimos y disfrutamos contigo siempre supimos que eras mucho más que un entrenador. Con 13 años nos empezaste a descubrir esa otra cara de la vida que la mayoría conoce más tarde y esas enseñanzas te marcan en el tiempo.

Hace dos semanas hablamos de ti y recordamos esas anécdotas con las que siempre nos deleitabas. Supe que habías superado un bache complicado, pero no me dejaste tiempo para realizar esa visita en la que te diría que todavía te quedaban muchos niños por educar, por más que la juventud de hoy te pareciera demasiado insolente. No dejabas indiferente y siempre, siempre, tenías el cariño y el respeto de todos los tuyos, a los que defendías con vehemencia.

En el Puerta Carmona, donde nos cruzamos; en La Oliva, adonde acudí sin pensarlo nada más recibir tu llamada. Ahí te vi por última vez, todavía pendiente de cada detalle, por más que matuvieras esa pose de tipo duro sentado en tu silla. Nunca olvidaré la de veces que me reclamaste, y como yo siempre acudía de nuevo porque me era imposible decirte que no. No te importaban las tácticas o las estrategias, pero cada partido que preparabas salía como habías previsto.

El miércoles se homenajeó a Luis Aragonés en el Vicente Calderón; en los campos de Sevilla, en los de albero en los que tantos nos iniciamos con el balón y en los de hierba sintética de ahora, siempre estarás presente. Tu espacio aún correspondía al que aparece debajo de estas líneas, pero te quisiste reunir ya con tus hermanos, los mismos que nos pusiste de ejemplo. Honesto y socarrón; amigo y confidente; cercano y vitalista. Míster. Hasta siempre, Pepe Mula.

Tags

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios