El balcón

Ignacio / Martínez

El decreto de la felicidad

EL presidente del Gobierno ha decretado el estado de felicidad nacional: la crisis ha terminado. Rajoy vive en un particular estado de felicidad desde hace tres años; disfruta de una cómoda mayoría absoluta en el Congreso y acostumbra a hacer decretos para aplicar medidas sobre la marcha sin la engorrosa tarea de tramitar leyes por el procedimiento ordinario. Y aquí se le ha ido la mano. El jueves dijo que la crisis ya es historia y ayer hizo un canto a la evolución de la economía española desde que se aprobó la Constitución. En números redondos, se ha multiplicado por cinco la renta por habitante, por siete la producción del país, por catorce el gasto en servicios públicos y por veinte las exportaciones. Es la foto de la creación del Estado de bienestar en España.

Se le olvidan al jefe del PP varias cosas. La mayor parte de ese tiempo gobernaron los socialistas. Hay en este país cinco millones y medio de parados de los que la mitad no tienen derecho a prestaciones. La OCDE, el club de los países desarrollados, nos advirtió en junio que España es el país miembro en el que más creció la desigualdad durante la crisis; o sea que los ricos son más ricos y los pobres más pobres. Pero ajenos a estas y otras cuestiones, los asesores presidenciales le han aconsejado que rompa su dontancredismo tradicional y salga a campo abierto con dos grandes insignias: Constitución y superación de la crisis. Por eso enarbola la Carta Magna como responsable de la modernización del país, y decreta que la crisis es historia. En resumen: estamos en campaña.

Esta semana se ha producido el cañonazo de salida de la carrera electoral de mayo, en la que el PP se juega un poder territorial municipal y autonómico espectacular. Y vemos que la propaganda está en marcha. Cierre de filas y limpieza de jefes en los informativos de TVE. La vicepresidenta afirma que el ciclo ha cambiado "totalmente", sin miedo a Grecia, ni al parón en las economías de la zona euro. Y ya puestos, González Pons con su entusiasmo habitual entra al rebote con declaraciones que a cualquier otro le darían pudor: "España es hoy una referencia económica para Europa. Europa mira a España como un ejemplo". Ahí queda eso.

En su libro Comunicación y poder (Alianza editorial, 2009), el sociólogo Manuel Castells sostiene que el poder se ejerce fundamentalmente construyendo significados en la mente humana mediante los procesos de comunicación. Para hacer honor a este principio, la propaganda oficial bombardea sin descanso a la opinión pública con la idea de que la crisis ha sido derrotada. A este parte de guerra le falla lo esencial: que hay un ejército de parados y arruinados sin recursos ni esperanzas que no es que no quieran creerse los eslóganes electorales, es que sencillamente no pueden.

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