Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Un derbi que honra a toda una ciudad

ESTAMOS ante un derbi más, pero da la casualidad de que viene con ropajes distintos, muy distintos. Entonces, no estamos ante un derbi más, ¿verdad? Claro que no. Derbis ha habido muchos, más del centenar, pero lo que aparece en este inicio cuaresmal llega con otra vitola que, por cierto, le da mucho lustre a esa imagen de marca que atiende por Sevilla. Un honor que la ciudad recibe desde el fútbol, esa disciplina de tanta repercusión.

Y en los pliegues de esos ropajes tan distintos a los habituales aparecen cuestiones que van de la vestimenta al rito, desde la obligatoriedad que tiene el visitante de vestir distinto a lo habitual hasta el hecho de poder efectuar la última sesión de entrenamiento en el lugar de autos. O sea que el Real Betis Balompié no tiene por qué contrariarse como se contrarió cuando la tarugada de Fernando Teixeira, pues el día que la UEFA rectifique alguna de las suyas pierde la antigüedad.

Y lo de que el Betis entrene esta tarde en Nervión, que es algo que sólo hizo cuando el Sevilla tuvo la gentileza de cederle el campo mientras se terminaba de remodelar Heliópolis. Cuestiones nimias pero que nimban al derbi de forma diferente, tan diferente e insólito que sólo cinco ciudades europeas tuvieron el honor de acoger un derbi continental antes que éste. Vestirse como el Sestao o entrenar en el campo del rival lo distinguen, pero no es lo principal.

Lo principal que se trae este derbi en la impedimenta es la sensación de orgullo que debe sentir Sevilla por escenificarlo. Madrid, Barcelona, Londres, Roma y Bucarest precedieron a nuestra ciudad en tan alto honor. Un honor que recibe cuando piafa ante la llegada de sus días más grandes. Derbi en sesión doble con vuelta en la víspera de que entre la primavera. ¿Un derbi más? Cómo vamos a considerarlo un derbi más cuando tan pocas ciudades lo han disfrutado.

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