Tribuna Económica

Rogelio / velasco

Nueve devaluaciones y una más

ÉSE es el número de devaluaciones que sufrió la peseta desde el año 1959, cuando se impuso a la economía española un plan de estabilización auspiciado por el FMI, hasta nuestra entrada en el euro.

Hasta entonces, las crisis recurrentes del sector exterior -cada cinco años, como media- provocadas, sistemáticamente, por un crecimiento inflacionario de la demanda interna, se resolvían con una devaluación de la peseta, que permitía ajustar, temporalmente, el tipo de cambio real respecto de las restantes monedas. El efecto inmediato era una mejora de la competitividad de la economía, aumentando las exportaciones y creando empleo más tarde.

Como ya no es posible la devaluación con el euro, los gobiernos tienen que intentar otras vías para mejorar la competitividad de las economías. Los mecanismos internos son muy limitados porque tanto los gobiernos como las familias están muy endeudados.

Uno de los que se están utilizando en España es la contención y, en muchos casos, reducción de los salarios para ganar competitividad. Un reciente trabajo del Banco de España muestra que hasta el año 2009 los salarios reales estuvieron creciendo a tasas elevadas. Pero desde ese periodo hasta el ejercicio 2012 (al menos) el crecimiento salarial anual negativo ha sido del 2%.

Pero esta vía no puede continuarse indefinidamente y no sólo por las reacciones sociales que pueda provocar en cualquier momento. Próxima a agotarse, pues, es necesario buscar otras.

El Gobierno ha encargado a un grupo de expertos que emita su opinión sobre una futura reforma fiscal. Uno de los mecanismos que han barajado para estimular cuanto antes la actividad económica es la reducción de las cotizaciones sociales a cambio de una mayor recaudación por IVA, de manera que el efecto fiscal sea neutral.

El efecto combinado permitiría reducir las importaciones (por la elevación del IVA), aumentaría la capacidad competitiva de las empresas, al pagar menores cotizaciones sociales, incrementando las exportaciones y el empleo. El efecto combinado equivaldría a una devaluación de la moneda. En un reciente trabajo, los profesores Boscá, Doménech y Ferri estiman que una reducción de un 3,5% en las cotizaciones, combinada con una subida del tipo efectivo del IVA del 2%, sería equivalente a una devaluación de la moneda del 9%.

¿Podemos hacerlo? En teoría sí. España se encuentra entre los países europeos con tipos de cotización a la seguridad social más altos (un 24%) y con tipos efectivos del IVA más reducidos (un 15%). De manera que es posible bajar los primeros y elevar los segundos. Ahora bien, la recaudación de las cotizaciones se destina directamente en nuestro país a financiar las pensiones. Este sistema ha sido recientemente reformado para ser sostenible. Sin embargo, cualquier nueva modificación en las variables del sistema generaría un déficit futuro en la seguridad social que habría que abordar.

Un mayor recaudación por IVA (aumentando las bases, pero no los tipos) que compense la reducción de cotizaciones a la Seguridad Social podría estimular la creación de empleo. Pero debería ser acompañada por nuevos ajustes del sistema de pensiones a largo plazo. Nada es gratis en economía.

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